Colección de cafés de Europa Central

Una de las cosas que más disfruto en general es el combo de café y buena charla. A veces incluso me parece que las mejores ideas se me ocurren cuando tengo una taza entre las manos.

Cuando viajo no es diferente: la mejor forma de descubrir una ciudad es sin duda paseando sus calles y para recuperarse de las caminatas no hay mejor aliciente que un café con leche (de soja, a poder ser) y algún acompañamiento típico del lugar. Me esfuerzo más por buscar cafeterías con encanto que en leer reviews de restaurantes y siempre me pasa que no me sé ninguna recomendación de sitios para comer pero si me preguntas por algún local con encanto para desayunar o merendar… la lista es interminable!

Estos son los cafés que más me han gustado de nuestro último viaje por Europa Central.

Ruszwurm café en Buda: muy cerca del castillo y del famoso bastión de los pescadores se encuentra esta joya húngara. Tiene un montón de tipos de strudel diferente y también tartas muy apetecibles. Lo mejor sin duda es la decoración de época que hace que tu imaginación vuele y pienses que Sisí va a entrar por la puerta en cualquier momento…

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El café del hotel New York en Budapest: uno de esos lugares icónicos de la edad del art decó que tuvo que cerrar durante la Segunda Guerra Mundial y que luego fue recuperado y restaurado. Tomar un café con música en directo es siempre una opción imbatible.

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Cualquiera de las pastelerías Aida de Viena: cuentan algunos que la tarta sacher de estos confiteros está al mismo nivel que la auténtica bomba de chocolate que el hotel Sacher vende por el doble. Yo, que la he probado, puedo dar fe de que no decepciona en absoluto.

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El Café Sperl de Viena, con sus techos altos y su iluminación romántica ofrece a sus clientes un montón de prensa internacional. No encontramos ningún periódico español pero sí que pudimos leer un par de rotativos británicos. Este café inspira a escribir y no me extrañaría nada que Elfriede Jelinek se pasara por sus mesas de mármol de vez en cuando.

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Otro lugar interesante de Viena es el Café Hawelka, quizá menos lujoso que el Sperl pero sin duda merece la pena. Hundertwasser tomaba aquí su desayuno muchas mañanas y yo sin duda me animé a probar la tarta sacher por aquello de poder comparar.

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 En Bratislava fui al café Zylinder y me sorprendió mucho su decoración, entre belle époque y rústico rural. Un café muy rico y algunos postres tradicionales de la cocina húngara, como los pierogi de mermelada y semillas de amapola.

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