Aprender: Es sólo ropa

Nunca he sido de preocuparme por las últimas tendencias o he sentido la necesidad de pasarme todas las semanas por las tiendas a ver qué cosas nuevas han traído. No sé muy bien por qué, la moda no me interesa y nunca lo ha hecho especialmente.

Aún así soy consciente de que lo que elijes ponerte es importante; no sólo porque causa una impresión en los demás sino porque tiene bastante influencia en cómo te sientes tú e incluso modula cómo te comportas. Algunas veces ni siquiera sabes por qué, pero un pantalón te hace sentir diferente y pasas todo el día incómoda. O al revés: tu vestido favorito hace que camines con más seguridad. Eso, exactamente eso, es lo que a mí me interesa del mundo de los trapos: llevarlos a mi terreno para que sean mis aliados y contribuyan al sumatorio de mi bienestar y felicidad generales. Podríamos decir que en mi armario, todo lo que me hace estar cómoda y sentirme bien está siempre en tendencia.

Según he ido cumpliendo años he ido poniendo poco a poco las bases de mi estilo personal y he aprendido algunas cosas sobre la ropa y sobre mí misma. Me ha llevado más tiempo del que me hubiera gustado, pero hoy quiero compartir las cosas que no sabía cuando cuando tenía dieciocho o veinte años y me vestía intentando copiar a mis amigas.

1. Los colores son importantes: descubre tu paleta de colores y tienes el 50% del trabajo hecho.

En blogs de moda y videos de youtube hay miles de gurús de contándote que si miras las venas de tu muñeca sabrás si eres cálida o fría y qué colores te van mejor. Te prometo que yo casi me quedo ciega intentando descifrar si mis muñecas son verdes, azules o lilas o qué puñetero color. ¿La verdad? Al carajo con las venas y con las pieles cálidas o frías. Mi opinión personal es que pocas personas van a encajar exactamente en esa categorización, así que lo mejor es que te pruebes ropa de mil colores y descubras con cuáles te ves tú más favorecida. En mi caso, creo que los colores intensos tipo azul (como la bandera francesa) y rojo son mis caballos ganadores. Con el verde y el amarillo me da la impresión de tener cara de enferma, cualquier color pastel me sienta como un tiro y el beige definitivamente no es para mí.

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2. Los tejidos son importantes: toca la ropa.

Hace unos meses, cuando estuve en Asturias, fui con mi madre y mi tía de compras y nos pateamos Oviedo entero en busca de un pantalón de sastre negro. Me probé muchos y no me compré ninguno, porque ninguno tenía una tela decente que tuviera una buena caída.

Cuando voy de compras lo primero que hago es tocar las prendas. Las telas son importantes, definen cómo te queda una prenda de ropa casi de la misma forma que el corte. Normalmente las mejores telas son las más caras y también las que más duran.

3. El corte es importante.

Hay un corte para cada tipo de cuerpo, pero también depende de lo que la dueña de ese cuerpo quiera destacar. Por ejemplo, las faldas de lápiz són un básico de oficina, pero a mí me quedan muy mal.

En mi caso he aprendido que me siento mucho mejor con escotes en pico, faldas con forma de trapecio, pantalones un poco acampanados y llevando siempre partes de arriba con mangas. Así que voy directamente a buscar este tipo de cortes porque son los que a mi me hacen sentir más cómoda.

4. Lo que te pones está irremediablemente vinculado con lo que haces.

Trabajo en un entorno muy formal donde hay un código de vestimenta que tenemos que seguir queramos o no. No sirve de nada que en las nuevas tendencias de la moda hablen de cómo se llevan los pantalones vaqueros rollo boyfriend rotos con los crop tops, porque yo no puedo ir a trabajar así, ni siquiera un viernes.

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He ido creando, poco a poco, un fondo de armario que funciona para mí. Tengo cuatro o cinco vestidos formales para ir a trabajar, con cortes, tejidos y colores que me hacen sentir chachi. Tengo algún pantalón de sastre y blusas también. Y por supuesto, tengo un par de pantalones vaqueros que saco cada viernes y me pongo también los fines de semana, pero no llevan rotos, desteñidos ni cosas raras y lamentablemente, son minoría porque es lo que menos oportunidad tengo de ponerme.

5. Complementos.

De la misma forma que defines tu estilo con la ropa, también hay un estilo de complementos y normalmente hay un tipo de accesorios que son nuestros preferidos. Yo soy de pendientes pequeños y bufandas o pañuelos. A otras chicas les encantan los anillos o llevan tropecientas pulseras. Creo que hay que intentar mantenerse fiel y no forzar las cosas: confieso que lo he intentado con los maxicollares, porque de tanto verlos en las tiendas tuve que probar, y me veía muy extraña y bastante hortera. Sin embargo, cuando los veo en otras chicas, me parece que quedan muy bien.

Una historia parecida me sucede con los tacones: veo a mis compañeras de trabajo subidas en stilettos de chorrocientos centímetros y pienso “yo también”. Pero seamos realistas: me van a doler los pies a los diez minutos de llevarlos, voy a empezar a caminar raro y me pondré de malhumor. ¿Tú quieres unos zapatos que te hagan estar de malhumor? Yo no. Mejor un tacón que yo pueda aguantar o directamente, unas bailarinas molonas.

6. Siempre, siempre: Menos es Más.

Creo que si hay algo que he aprendido durante mi vida y especialmente en la treintena es que en esto de ser y vestir, menos es más. A veces me pongo un vestido negro, unas medias transparentes, unas bailarinas negras… y sólo con añadir un pañuelo bonito ya se me pone la sonrisa en la cara y sé que voy vestida para triunfar. Y no es la ropa lo que me hace triunfar, es la actitud de triunfadora que yo llevo.

Un indicador muy potente que he encontrado tiene mucho que ver con este punto: el otro día me puse una camiseta blanca que tenía unos dibujos en la zona del pecho en plateado. No me terminaba de ver bien con ella, así que empecé a añadir un pañuelo, una pulsera, unos pendientes, una chaqueta de punto encima… me cambié la chaqueta, me recogí el pelo, lo volví a soltar… Siempre me sucede lo mismo y es un patrón de conducta que ya tengo muy controlado: cuando me pongo una prenda de ropa que no me hace sentir bien suelo empezar a añadir cosas y cosas para intentar que funcione. Ese “añadir” es la señal inequívoca de que lo que falla es la primera prenda.

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1 Comentario

  1. Yo tampoco soy de modas ni de ir a menudo a ver tiendas (de hecho, en los últimos años solo he necesitado el portátil para renovar el armario!), la verdad es que me agobian y aburren a partes iguales.

    Sobre la ropa en el trabajo, en mi empresa no hay un código de vestimenta estricto (hay uno en el manual de empleado que creo nadie se lee y que se resume en no parecer que vas a la playa) pero a veces la verdad es que lo necesitaríamos. A pesar de ser un conjunto de empresas tecnológicas y la libertad que nos dan los jefes, los minishorts que no dejan nada a la imaginación o los vaqueros que tienen más rotos que tela, no creo que den la mejor imagen cuando tenemos algún externo visitándonos.

    Un beso :)

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