Por mis zapatos me conocerás

Tengo zapatos de tacón porque hay que tenerlos, sobre todo trabajando en una empresona donde el código de vestimenta es estrictamente formal. Pero los zapatos que más me pongo son las bailarinas: son planas, son bonitas y las hay de todos los estilos que te puedas imaginar del mundo mundial; casi casi un par para cada conjunto de ropa.

Hoy en exclusiva hacemos un recorrido por el armario de los zapatos y te voy a enseñar las bailarinas que tengo. No te preocupes que no va a ser un post muy largo: soy mujer de pocos zapatos, aunque cuentan muchas historias sobre mí.

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Las primeras bailarinas son las más elegantes y te enseñan esa faceta de trabajólica que me posee de lunes a viernes. Con ellas camino por la oficina, moqueta arriba y moqueta abajo, visito la impresora, las salas de reuniones y los lugares que ocupan las diferentes personas de mi equipo. A veces también las uso para ir a cenas de trabajo. Lo mejor: son negras, lo que facilitan la combinación con los vestidos más arreglados que tengo, y son comodísimas. Lo peor: la terminación en punta me da la sensación de que me hacen los pies muy grandes (calzo un 39, que no es un pie pequeño precisamente), pero creo que es más porque yo me veo “desde arriba” que otra cosa.

Las siguientes son de color verde con detalles metalizados en la punta y te hablan de aquella vez que mis amigos se casaron y me invitaron a su boda. Era verano y aposté por un vestido amarillo con estos zapatos. Describen a esa Mirichán que huye de los modelos recargados en las celebraciones formales y que sale la primera a bailar en la pista! Lo mejor: son muy cómodas y ligeras, más que caminar con ellas, floto. Lo peor: han estirado y ahora se me caen de los pies. Me quedan grandes, así que si me las pongo para caminar mucho, me rozan considerablemente.

En tercer lugar en la foto tenemos unas bailarinas de un color indeterminado: algo entre rosa palo, gris, blanco. Me las pongo mucho para recorrer el camino entre mi casa a la oficina y cuando llego a mi puesto de trabajo, me cambio por unos tacones un poco más formales. Combinan bien cuando voy vestida de color azul o azul marino. Me las compré hace tres años y aunque ya han perdido bastantes piedrecitas, siguen siendo igual de cómodas. Lo mejor: la suela es blandita, así que puedo caminar un montón con ellas sin cansarme (ni notar cada raya de la acera!)

En último puesto las bailarinas más nuevas que tengo, azules marino con unos detalles en plateado. Las compré con la intención de usarlas para ir a trabajar pero me hacen mucho daño en los pies así que me las he puesto solo dos o tres veces. Por suerte no me gasté mucho dinero en ellas, así que si finalmente no las puedo estirar, creo que las voy a regalar a alguien que las aproveche mejor.

Qué importantes son los zapatos, no hay nada como vivir sin dolor de pies.

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3 Comentarios

  1. Las bailarinas son mis zapatos preferidos, aunque últimamente las tengo que buscar que no sean totalmente planas. Yo también las estiro al máximo, aún tengo los dos pares que compré cuando os visitamos (y hace ya dos años!).

  2. Son preciosas todas…y cómodas que es lo importante. Yo he tenido que comprarme para trabajar unos zapa sandalias un poco feas, no se como definirlas, comodisimas que me sujetan el tobillo mucho…eso sí se las he visto ya puestas a dos octagenarias y una pareja de monjas…pero lo primero es comodidad a la hora de trabajar… No podría estar con tacones y menos con mi lesión.
    Me encantan los cuatro modelos aunque el último haya salido rana.

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