Hace unas semanas iba en el autobús urbano. A pesar de que muchas veces voy distraída haciendo cosas en el móvil, ese día coincidió que estaba mirando por la ventana y vi un sitio con muy buena pinta que había abierto hace poco. Después de echar un vistazo en la web, me animé a reservar para un brunch y allí me planté este domingo por la mañana.

El lugar está en la antigua sede de un periódico, el Scotsman, y no puede ser más impresionante. Creo que el número de fotos que saqué mientras comía mi tostada de aguacate solo puede ser señal lo maravillada que estaba con los mármoles, las lámparas de araña y el servicio impecable. Me estoy planteando reservar un brunch de Navidad porque cuando lo decoren de verdes y rojos va a ser mi segundo sitio preferido, después claro está del siempre tradicionalmente festivo The Dome.

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Últimamente estoy viendo “Las Chicas del Cable” y aunque la trama a veces parece un culebrón (y además Lidia Aguilar me cae bastante mal), me encanta fijarme en cómo iban vestidas o peinadas; la estética de las casas y los cafés que aparecen capitulo tras capitulo y el rollo años veinte – charlestón que personalmente, me flipa.

Sin duda lugares como el de este domingo de brunch me hacen reflexionar sobre si no nos estaremos perdiendo algo con tanta sudadera oversize y rollo nórdico. O será que me estoy volviendo una nostálgica y que cualquier tiempo pasado, me parece a mi que fue mejor.

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