Comer: Alfajores de maicena

Hace unos días que me dió por buscar una receta de alfajores de maicena y ponerme manos a la obra. Resultó ser una recetilla súper fácil y muy muy resultona, así que he apuntado todo muy bien para compartirlo.

Pero antes, un poco de contexto. Un alfajor es un dulce que consiste en dos galletas unidas entre sí con un relleno, que puede ser dulce de leche, chocolate, mermelada, etc. Con ese nombre, es evidente que proviene de la gastronomía de Al-Ándalus, es decir, la parte de la Penísula Ibérica que estuvo dominada por los árabes durante la Edad Media.

Con la colonización de América, los españoles introdujeron los alfajores en el nuevo continente, ya que eran nutritivos, fáciles de almacenar y transportar además de menos perecederos que otros alimentos.

A través del tiempo y de su expasión geográfica, cada zona ha ido creando y adaptando el alfajor a sus costumbres y preferencias. Por ejemplo, en algunos países como Costa Rica utilizan ingredientes tropicales, en Colombia a veces le ponen trocitos de cacacuetes en los bordes y muchas otras variedades locales que los hace únicos y muy, muy ricos.

El alfajor de maicena se diferencia del alfajor tradicional argentino en que el primero utiliza almidón de maíz en su elaboración, lo que resulta en dos galletas menos esponjosas y más crujientes. Por otro lado, los alfajores tradicionales se bañan en chocolate blanco o negro, mientras que los de maicena no.

Ingredientes para 8 o 10 alfajores (dependerá del tamaño de tu cortapastas).

Por un lado, mezclamos todos los húmedos: una yema de huevo, 50 gramos de mantequilla, una cucharadita de esencia de vainilla y 75 gramos de azucar.

Después añadimos esos ingredientes húmedos a los secos, que son: 150 gramos de almidón de maíz, 100 gramos de harina de trigo, una cucharadita de polvo de hornear (o levadura royal) y una pizca de sal.

Amasamos lo menos posible para no calentar la masa y agregamos la cantidad necesaria de leche poco a poco hasta que quede una masa que no se pega a las manos, una textura parecida a la plastilina. Después la estiramos con un rodillo hasta que tenga un centímetro o centímetro y medio de grosor y cortamos los círculos con un cortapastas.

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Los ponemos sobre la bandeja de hornear, con un papel de horno para evitar que se peguen y los metemos en la nevera durante media hora.

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Después los metemos en el horno, ya precalentado, a 160 grados durante veinte minutos. No van a crecer en exceso y tampoco se van a dorar: tendrán un color amarillento (por la yema del huevo probablemente).

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Los sacamos, los dejamos enfríar y los vamos uniendo de dos en dos untando el relleno de nuestra elección: en mi caso utilicé mermelada de frambuesa.

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Comerlos tranquilamente con un mate (si te gusta) o con café si eres como yo y no puedes soportar el sabor a prao de esa bebida. Eso sí: no se te ocurra poner acento porteño y decir chorradas como si estuvieras hablando con Ricardito. No quiero oír ni un sólo “ché boludo, esto está la puta madre de rico” porque en esta casa somos todos argentinos del norte y allí no se habla así. Se dice “de rechupete” y se da un beso a la cocinera y otro a Maru Botana.

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7 Comentarios

  1. Ay, qué ricos… Me ha entrado hambre y todo jejeje
    ¡Besotes!

  2. Glòria

    pintaca Mirichán!!!!

  3. los alfajores de maicena son mis preferidos!!! ><

    en Lima se comen mucho <3 (y tampoco decimos ché boludo xD)

  4. Lo bueno del intercambio cultural es que para hacer una mejor inmersión nos metemos en la cocina y salen cosas riquiiiiiiiisimas :P

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