Me muerdo las uñas. Es un hábito terrible, lo sé, pero por más que intento dejar de hacerlo, termino volviendo a caer en ello. No sé muy bien cómo empecé a hacerlo pero lo cierto es que no me gusta nada como se ven mis manos algunas veces (eso sin contar que es una conducta completamente antihigiénica y asquerosa). La teoría me la sé a la perfección, pero yo sigo mordiéndome las uñas.

Una de las estrategias que me funciona para dejar de hacerlo es pintármelas. Aunque sea con un brillo o con un color discreto (tipo manicura francesa pero sin las rayas blancas ni toda la parafernalia, claro). Si veo las uñas pintadas, me parecen más bonitas y arregladas, y entonces no las muerdo. El sabor del esmalte obviamente también ayuda.

Hace dos días me miré las manos y la verdad es que las tenía bastante maltratadas. Así que saqué mi brillo y me las pinté, pensando que esta vez de verdad, será la definitiva y la buena y dejaré de mordérmelas para siempre.

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