Diwali y yo

En mi oficina, en mi equipo, hay unas cuantas personas que vienen de India. Es habitual que ingenieros y otro personal altamente tecnológico provengan de este país, ya que son más baratos y hay muchísimos más candidatos disponibles.

Este miércoles todas las personas indias que trabajan en mi oficina, estaban de celebración, porque es una de las fiestas más importantes en su país: Diwali. Se trata de una celebración que ellos viven en familia, cocinan cantidades increíbles de comida, comen todos juntos y tienen un montón de velas y otras lámparas de luz y color que les animan durante el evento. Diwali simboliza la familia y atrae la prosperidad. Desafortunadamente, mis compañeros que están trabajando aquí no pueden compartirlo porque están lejos. Y aunque sean extremadamente profesionales y en ningún momento se quejan, puedes ver un poso de tristeza en ellos estos días; imagino que será como si yo pasara Navidad en una plataforma petrolífera en medio del Golfo Pérsico.

No sé muy bien qué karma o trauma del pasado me genera estos sentimientos, pero me da mucha pena cuando algo así sucede. Es casi irracional, porque yo (mi cerebro) entiendo que aunque no puedan celebrar Diwali con su familia, mis compañeros están bien, sanos y salvos y lo más importante, están aquí por decisión propia. Sin embargo, yo (mi corazón) no puedo evitar sentir tristeza y tener una imperiosa necesidad de hacer algo para que se sientan mejor.

Así las cosas, después de un día intenso de trabajo, fui al barrio con más tiendas internacionales de Edimburgo y entré en todas la que parecían asiáticas (pero no chinas) a preguntar si tenían algo que se comiera en Diwali. Al parecer hay unos dulces típicos que se llaman mithai que son tradicionales en estas fechas. Así que te puedes imaginar cómo iba yo, tienda por tienda, preguntando si tenían mithai. ¡Hasta hubo un señor tendero que se mosqueó porque no entendía como yo podía saber de Diwali! Afortunadamente, él fue el mismo que me vendió algunos dulces por la módica cantidad de trece libras y como dice aquel… para todo lo demás MasterCard.

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Cuando al día siguiente llegué a la oficina y puse sobre la mesa las dos cajas de dulces, las caras de mis compañeros fueron un poema. Primero, no entendían de dónde había sacado los pastelitos, porque ellos llevan poco tiempo en la ciudad y no conocen la existencia de estas tiendas internacionales. Después de explicarles, tuve que pedir que me contaran más sobre esta tradición y así, entre cardamomo y pistachos, celebré Diwali por primera vez con “la familia que no eliges” y es que paso 40 horas a la semana con estos desconocidos que un día, decidieron presentarse a una oferta de trabajo en el mismo equipo que yo.

No sé si comprar dulces para curar tristezas cuenta como una buena acción para el karma; pero la alegría de ver unos ojos brillar es suficiente recompensa.

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Feliz Diwali y que tengamos todos mucha prosperidad y buen karma.

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2 Comentarios

  1. ¡Por supuesto que cuenta como buena acción, Miri!¡ Qué detalle tan bonito!

  2. mi prima la de Londres está pasando unos años con toda la familia en Singapur y celebraron Diwali, no lo conocía y cuando me lo contaron me pareció lindo! Qué felices deben haberse puesto tus compañeros ^^

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