El Medio Ambiente

Desde que tengo uso de razón, me preocupa el medio ambiente. Intento siempre hacer pequeños cambios en mi vida que ayuden a que la huella que yo personalmente dejo en el planeta Tierra sea lo más pequeña posible. La verdad es que yo pienso que no hace falta hacer cambios muy drásticos: somos mogollón de humanos y vivimos durante una cantidad considerable de tiempo, así que un esfuerzo mínimo tiene un impacto real por lo exponencial que puede llegar a ser. Imagínate que todos nos pusiéramos de acuerdo para no utilizar  pajitas para las bebidas nunca más o para desterrar del mundo entero las bolsas de plástico de un solo uso: sería la repera limonera.

Las últimas dos cosas que me he propuesto cambiar sin embargo han sido un fracaso total y he tenido que volver a mis métodos “menos ecológicos” por decirlo de alguna manera. Me fastidia pero tampoco es cuestión de llevar una vida miserable: hay que encontrar el balance entre nuestras necesidades y las del mundo.

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La historia del desodorante de piedra

Normalmente utilizo desodorante de roll-on (o bolita) y un bote (de cualquier marca, no tengo preferencias) me suele durar unas seis semanas. Así las cosas, gasto unos ocho botes al año y se me ocurrió que sería chachi si en vez de reciclar esos ocho botes pudiera no utilizarlos. Reducir la basura que generamos es siempre mejor que reciclarla; y con ese pensamiento allá que me fui a la tienda “hippie” para comprar un desodorante de piedra de alumbre, famoso en el mundo entero.

Todo eran ventajas: un bote de desodorante te puede llegar a durar mas de dos o tres años. Si eres viajero frecuente no te tienes que preocupar de a bolsa de los líquidos. Además es muy natural y no contiene químicos sospechosos que tu cuerpo va a absorber a través de la piel de las axilas. Y económicamente es la bomba claro, ¿tú sabes la de dinero que te vas a ahorrar al no tener que comprar tu desodorante habitual? Que tiemble Elon Musk que allá va Mirichán.

Le dí dos meses de plazo para acostumbrarme y aprender lo que me funciona a mi a base de ensayo y error. Después de los dos meses, me volví a comprar un desodorante de bolita porque… ya no aguantaba más mi propio olor a sudor. Intenté todo: ponerlo más mojado, menos mojado, ducharme, no ducharme, esperar a que el cuerpo se adaptara a lo natural, ir con menos ropa para evitar sudar… pero el patrón era siempre el mismo: me lo ponía por la mañana antes de salir de casa y a la hora de comer yo ya podía percibir un olor sospechoso.

Champú en pastilla y otros rock and rolles

Un poco por las mismas razones que expliqué para el tema del desodorante en bolita, decidí probar champú para el pelo en pastilla (en lugar del líquido de toda la vida).

Lamentablemente, después de darle varios usos y probar diferentes formas (más o menos cantidad, más o menos aclarado, diferentes variedades de pastillas de champú, etc) he llegado a la conclusión de que con mi pelo no funciona. Tengo la mala suerte de tener el pelo graso y me lo tengo que lavar cada dos días; sin embargo el día que lo lavo tengo un volumen y un brillo que ni Jane Fonda en sus mejores años. Con el champú en pastilla parecía que no me había lavado el pelo: continuaba estando graso, sin brillo y pegado a mi cabeza como si me hubiera lamido una vaca asturiana.

¿Y ahora, qué?

Ahora vuelvo a usar desodorante de bolita y champú de bote. No funcionó para mi pero podría ser distinto en tu caso, no te digo ni sí, ni no, ni todo lo contrario. Hay otras cosas que quiero ir cambiando próximamente y te seguiré contando: cepillos de dientes biodegradables, compresas de tela y alguna otra sorpresa más. ¿Tienes alguna experiencia para compartir?

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1 Comentario

  1. Durante años pensé en cambiarme a la copa menstrual, pero jamás me atreví! con el desodorante de piedra igual… cuando no se puede, no se puede!

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