Desde que cambié de oficina, allá por el mes de Mayo, Arol y yo trabajamos mucho más cerca. Normalmente estamos muy ocupados y nos vemos directamente en casa una vez termina el día en nuestros trabajos, pero a veces tengo un hueco y le doy una sorpresa yendo a verle sobre la hora de comer.

Un día se me ocurrió comprar dos cafés y hacerles fotos en el camino que separa mi oficina de la suya, enviándoselas a su móvil y sin decirle nada de nada.

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Probablemente las personas que me vieran haciendo fotos a dos tazas de café sintieron que estaban delante de una trendsetter, y que los selfies han pasado de moda y lo que se lleva ahora son los “coffies”. Y puedo garantizar que durante las dos o tres primeras fotos Arol no entendió nada, hasta que empezó a reconocer el camino y se dió cuenta que iba hacia él.

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Cuando llegué nos tomamos el café juntos, en escasos diez minutos, y luego volví a mi oficina. Probablemente no es el uso más eficiente de mi tiempo, pero divertido fue sin duda alguna.

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