Esperar

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Una de las cosas que, desde mi punto de vista, caracterizan a los tiempos que nos han tocado vivir es el tema de la inmediatez. Lo queremos todo ya de ya, ahora mismo, rápido y sin sudar a ser posible. Todo llega para el que sabe esperar pero… ¿y si esperar fuera un mal innecesario?

Tres años esperando para amueblar nuestro piso

Hace cerca de tres años que Arol y yo nos compramos nuestro piso y cuando nos mudamos, nuestros vecinos nos ofrecieron muebles que ellos ya no querían o no utilizaban. La mesa de la cocina de Claire y Russell, el sofá de Armando y Giovanna, el mueble del salón de Cherry y Dave, las lámparas de Ella y Bill. Nada pegaba con nada y desde luego que ningún mueble era nuevo ni de nuestro estilo decorativo personal, pero aceptamos de buen grado todas las “donaciones” porque cuando te compras tu primer piso, el principio es un esfuerzo económico importante entre entrada, costes legales, cambios de titulares y por supuesto, la mudanza (donde además tuve la peor de las suertes y me pusieron una multa de 200 libras por saltarme un semáforo en rojo cuando íbamos a devolver el coche de alquiler a toda prisa porque llegábamos tarde a la agencia).

Durante este tiempo, cada año nos poníamos como objetivo arreglar una de las habitaciones de nuestra casa: empezamos por la cocina, luego nuestro dormitorio… y este año le ha tocado al salón y a la habitación que usamos como despacho. En unos días tendremos a los obreros a sus anchas por nuestra casa y como no podría ser de otra manera, estamos deseando ver los resultados de lo que hemos planeado e imaginado tantas veces.

Si te lo preguntas, desde luego que me ha costado esperar casi tres años para poder tener nuestra casa a nuestro gusto. En este tiempo, por ejemplo, no he organizado muchas cenas ni reuniones de amigos en casa, porque no teníamos una mesa de comedor tan necesaria para recibir y entretener… y era un poco raro estar cenando todos arreglados en la cocina, con la lavadora de fondo de las fotos de instagram :-) Por otro lado, creo que esperar merece la pena porque hemos podido tomarnos tiempo para ver qué es lo que queremos y lo que necesitamos (por ejemplo, al principio pensamos que era obligatorio tener una cama de invitados… y luego nos dimos cuenta de que una vez todos vinieron a visitarnos, casi nadie ha vuelto por segunda vez… y una cama ocupa mucho espacio en una habitación para que se use como mucho una semana al año). Esperar también nos ha dado la oportunidad de ahorrar y poder comprar muebles que fueran exactamente lo que queremos, sin tener que sacrificar por el presupuesto.

Y lo mejor: esperar ha mantenido viva una ilusión dentro de nosotros y nos ha dado un objetivo que nos animaba cuando se hace cuesta arriba ir la oficina un lunes!

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1 Comentario

  1. me ha hecho muy bien leerte porque la búsqueda de piso me tiene loca y no sé cómo encajará lo que tenemos con el nuevo espacio… pero tienes razón… ya lo iremos haciendo nuestro, sin prisa, pero sin pausa ^^

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