Si algún día váis por Atenas, no os podéis perder el museo de la Acrópolis. Tiene un montón de cosas interesantes y además, un restaurante en el piso de arriba que ofrece unas vistas inmejorables del Partenón. Arol y yo aprovechamos para comer y aunque podíamos haber elegido la terraza, decidimos sentarnos en la parte cubierta del restaurante.

Entre plato y plato yo me dediqué a observar y me dí cuenta de algo llamativo que me hizo pensar y digerir la reflexión que os vengo a contar hoy.

En la terraza del restaurante había algunas personas comiendo y como es lógico, había palomas y pájaros que intentaban acercase lo más posible a las mesas para ver si podían pillar unas miguitas de pan. Los camareros, conscientes de que eso podría molestar a los comensales, empezaron a tirar trozos de pan a la otra punta de la terraza, para distraer las palomas y que se quedaran tranquilas sin molestar a las personas que estaban comiendo. Evidentemente, esto funcionaba durante un ratito, pero cuando las palomas terminaban el trozo de pan que los camareros les habían tirado, volvían a comenzar la aproximación a las mesas… y los camareros volvían a tirarles un trozo de pan a la otra punta.

¿Cuántas veces hemos intentado solucionar así un problema? Buscando un remedio temporal que, en lugar de remediar la situación de forma permanente, esconde o pospone tener que solucionar lo que nos preocupa o nos molesta? Y cuantas veces hemos empeorado un problema a causa de esos remedios temporales? Sin ir más lejos, los camareros del restaurante estaban atrayendo más palomas cada vez que les tiraban un trozo de pan a las que ya estaban en la terraza, con lo que su problema era cada vez mayor.

A veces, la solución más rápida y más cómoda no es la más adecuada.

Si quieres ver el Museo de la Acrópolis, haz clic aquí.

Share This: