Hace unos meses os contaba que después de una vida entera destrozándome las manos, con varias idas y venidas e intentos de dejar de morderme las uñas; estaba lista para volver a intentarlo.

Una vez, una compañera de piso con la que viví unos meses me dijo que si quería hacer algo importante, un cambio trascendente en mi vida, era importante escoger el momento para iniciar ese cambio. Sus palabras fueron “hazlo cuando estés fuerte”. No puedo decir que aprendiera muchas más cosas de ella, pero esa fue una de las fundamentales que me llevé de nuestra convivencia juntas en aquel piso destartalado.

Decía que me propuse romper ese hábito tan feo y dejar de morderme las uñas de una vez por todas. La definitiva. Aproveché que cambié de puesto de trabajo y mi nuevo rol es mucho más tranquilo y con menos carreras para terminar las cosas. También me decidí por hacerlo alrededor de las navidades para poder tener las uñas pintadas en las cenas y celebraciones y sentir que no me daba vergüenza poner las manos encima de la mesa…  Creo que está siendo la temporada más larga sin hacerlo y mis manos parecen casi casi las de una persona normal. Vamos, que si yo no te lo digo, no te imaginas como las tenía el año pasado. A mi me hubiera gustado que alguien me diera algunos consejos realmente útiles y sobre todo basados en ¡experiencia real! así que he puesto unas cuantas cosillas que he aprendido juntas.

1. Píntate las uñas aunque las tengas muy destrozadas. Cuanto mas llamativo sea el esmalte, mejor. Al principio no te gustará mucho como queda porque estás llamando la atención sobre algo que a priori no es bonito, pero esa “llamada de atención” funcionará para mantenerte alerta a ti también.

2. Límalas y córtalas siempre que sea necesario. A mi me pasaba con bastante frecuencia que veía una uña un poco rota y… terminaba por ir tirando del trocito hasta que me la volvía a destrozar.

3. Cuéntaselo a tus amigos o a tu familia, sobre todo a aquellas personas que entienden que es un hábito adictivo que cuesta un poco dejar atrás. Algunos conocidos míos lo ven como algo banal y sin importancia, pero controlar el impulso de llevarte el dedo a la boca cuando estás aburida, nerviosa etc. es difícil.

4. Pídeles a tus amigos y familia que te refuercen la conducta de dejar de morderte las uñas, que te pregunten si te las has mordido y que te digan lo bonitas que están tus manos cuando te vean.

(En mi caso se lo conté a una compi de trabajo que siempre lleva manicuras impecables y hasta me dió consejos de lugares en Edimburgo a los que ir para hacerme una primera manicura; también se lo conté a mi mejor amiga que me regaló un kit con todo lo necesario para cuidarme las uñas – desde esmaltes de colores a aceite para cuticulas, limas o brillos fortalecedores… y me llena de piropos cada vez que me ve las manos! También involucré a Arol, que me hace “inspecciones sorpresa” cuando menos me lo espero para ver como voy!)

5. Hazte una foto de las manos en tu peor estado y cada vez que sientas que no puedes controlar el impulso, mira la foto.

6. Cuando veas que te llevas el dedo a la boca o que hay el mínimo riesgo de que el hábito vuelva, intenta dedicar toda tu atención a alguna actividad que involucre hacer cosas con las manos: amasa un pan, cose con la máquina, hazte un collar, escribe en tu agenda, juega al solitario de Windows…

Ójala estos consejos le sirvan a alguien que tenga el mismo problema que yo… y como dije hace unos meses, espero que esta vez sea la definitiva y nunca más me las vuelva a morder!

Si se te ocurre algún consejo más, déjalo en los comentarios!

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