La chica del paso de cebra

Tenemos días altos y bajos. Días buenos y malos, grandes y pequeños, para reír y para llorar. Uno de esos días reguleros yo esperaba para cruzar en un paso de peatones y sentía dentro de mí todo lo malo. Estaba cansada y hambrienta, tenía el pelo sucio, acababa de tener una conversación poco agradable y me hacía daño un zapato.

En el otro lado del cruce, una chica despampanante. Vestida para triunfar, el pelo más sedoso que te puedas imaginar enmarcando una cara de piel fina y ojos grandes y verdes. El paraguas le combinaba con el bolso y su gabardina dejaba entrever un vestido de aire parisino y un pañuelo ganador. La escrutiné con la mirada y debió de sentir el peso de mis ojos, porque levantó la vista del móvil, me miró y me sonrió como sólo pueden sonreír las diosas griegas en el Olympo.

Una cosa es no sentirte perfecta porque tienes un día regulero y otra cosa es encontrarte con la perfección cuando vuelves a casa. Eso ya es recochineo del destino y de las meigas, que haberlas haylas. Los pensamientos negativos hicieron un smoothie en mi cabeza: “las hay con suerte” “si midiera un metro setenta yo también” “qué suerte de piel” “soy más fea que una patata con raíces” “ojalá me caiga por una alcantarilla y desaparezca de este mundo lleno de belleza en el que no encajo”.

El semáforo se abrió y las dos echamos a andar a la vez pero en direcciones opuestas. Y entonces, ví que esa chica despampanante tenía una parálisis en la mitad derecha de su cuerpo y que caminaba arrastrando una pierna, mientras el tronco superior hacía duros esfuerzos por seguir la marcha forzada.

Me sonrió cuando cruzamos y desde ese día la recuerdo como la chica más guapa del mundo mundial. Era bella, pero lo que más me gustó de ella es que no le hizo falta nada para enseñarme que lo más bonito de mí misma son probablemente esas cosas que doy por hechas. Las personas guapas de verdad son las que te enseñan que tú también lo eres, aunque no lo sepas.

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4 Comentarios

  1. Es uno de los mejores relatos que he leído y no sólo por lo que cuenta sino por cómo lo cuentas.

    Me ha encantado!!!

  2. Juan R.

    Y las mejores historias son las más sencillas. Gracias por compartir esa lección vital. Un abrazo a Arol y a ti.

  3. Buaaa casi lloro pava! Que preciosa historia!. Una lección de vida en este relato…cuánto bien hace una sonrisa. He encontrado inspiración en tus palabras. Hoy a darlo todo! Sonriendo! :D

  4. a mí me pasa algo, que a las personas que más quiero las veo guapísimas… esta chica debía ser realmente guapa si te transmitió tanto sin conocerla ^^

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