La comida no debe ser un premio

Una de mis creencias erróneas, que probablemente tiene sus raíces hundidas en mi más tierna infancia, es que algunos alimentos pueden ser utilizados como formar de premiar el esfuerzo.

Por poner un ejemplo a todas luces absurdo, citaré la paradoja del gimnasio: a pesar de que estoy muy cansada después de trabajar todo el día, decido ir al gimnasio porque quiero perder peso. Allí lo doy todo y realizo todos los ejercicios con ganas y mucha atención. Cuando termino la clase, siento que he sido muy responsable y trabajadora así que me merezco un premio. De camino a casa decido comprar y comer una muffin gigante de chocolate como reconocimiento a mi esfuerzo para perder peso.

Durante toda mi vida he utilizado la comida como un premio. Cuando me han felicitado en el trabajo, Arol y yo hemos ido a tomar café y tarta a Mimi’s Bakehouse. Cuando aprobé el carnet de conducir, pedimos tanta pizza que casi morimos al día siguiente. Si apruebo algún examen o curso complicados, salimos a cenar fuera y me pido postre “porque me lo merezco”. A veces incluso el concepto de premio se difumina hasta el punto de que cuando me levanto a las cuatro de la mañana para ir al aeropuerto porque tengo que viajar decido que “me merezco un desayuno especial”. Si me sacan sangre y he aguantado sin rechistar, si vienen amigos de visita, si he limpiado la casa y está reluciente…

Supongo que siempre hay una excusa para comer alimentos que te gustan y que sabes que deberían estar restringidos a ocasiones especiales y en mi caso consiste simplemente en crear muchas ocasiones especiales. Y no creo que eso esté mal: cada dia está lleno de pequeñas cosas que celebrar y es positivo que sepamos valorarlas… pero obviamente, no con alimentos altamente calóricos.

Proyecto Mirmeco, yo te invoco

La comida no debe ser un premio o un reconocimiento al esfuerzo. Hay multitud de cosas que pueden cumplir ese papel y que además son saludables y buenas para mí. Me he puesto manos a la obra y he hecho una lista de recompensas que puedo utilizar en lugar del típico chocolate / tarta / chucherías / galletas.

  • Un pintauñas nuevo.
  • Una sesión de manicura.
  • Ir a la peluquería.
  • Un masaje.
  • Una llamada de teléfono internacional a algún amigo de los que viven en España
  • Un ebook
  • Un té o café que estén ricos.
  • Alguna prenda de vestir que sea un poco más costosa de lo que estoy acostumbrada a pagar.
  • Una escapada de fin de semana.
  • Unas horas de una empresa de limpieza para que limpien las ventanas y no tener que hacerlo yo.
  • Un curso de algo (o una parte de lo que cueste).
  • Unas flores o una planta para casa.
  • Entradas para el museo, el teatro o algún concierto.

Si estás leyendo esta entrada y tienes alguna idea más que añadir a la lista, por favor déjala en los comentarios. El proceso de dejar de asociar la comida con el reconocimiento es más trabajoso de lo que parece, pero estoy convencida que en algún momento algo hará clic en mi cabeza y conseguiré dejar de ser el mosntruo de las galletas!

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1 Comentario

  1. esta es la parte más difícil, no es solo dejar de comer sino cambiar la relación con la comida… algún día… uu

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