La historia del stroke que nunca me va a dar

En mi anterior entrada te contaba que el mi médico de cabecera me miró a los ojos muy profundamente y me dijo “tu riesgo de tener un stroke en cualquier momento es preocupantemente alto, Mirichán”.

Eso si que es un “statement” y no llevar alpargatas de esparto con un dibujo diferente pero complementario en cada pie.

Como ya sabes, esta semana es mi última semana de rock and roll por Berlín pero hasta hace muy poco mi vida carecía por completo de cualquier atisbo de equilibrio entre las categorías de trabajo y descanso. Yo me creo Súper Mirichán y sé que soy fuerte y flexible como un junco. Además de trabajar setenta horas de lunes a viernes y de coger entre dos y cuatro vuelos a la semana, empecé a entrar en un ritmo de no poder dormir por la noche. Hotelazo de cuatro o cinco estrellas, cama de dos metros, spray relajante cortesía de los amenities del hotel para rociar la almohada, pijama cómodo… y yo no me podía dormir. Al principio dices “uy, las 12:30, mejor dejo el móvil y me duermo”. Ahuecas las almohadas, te tapas, te posicionas en tu postura preferida de toda la vida (boca abajo en mi caso!), cierras los ojos y empiezas a respirar despacio.

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Entonces se te enciente el piloto automático en el cerebro y aquello toma el control y empieza a pensar sin parar a un ritmo de montaña rusa: tengo que hacer un work order para los 1.9m; acuérdate de organizar la reunión para hablar del ToM; no has contestado al email del tontaina de los milestones peromañana le vas a contestar y esto es lo que le vas a decir (cambiamos a inglés y ponemos voz imaginaria como The Queen) “Dear David, in regards to your email, unfortunately you could even lose yourself in a field full of rabbits before I listen to your suggestion of…”  (cambiamos a español y volvemos a mi voz imaginaria normal) pues como no le contestes mañana lo va a escalar y no te conviene con el business case encima de la mesa (cambiamos a inglés y ponemos otra vez voz imaginaria como The Queen) “Dear David, in regards to your email, I would love to add your suggested milestones to the plan, however I wondered whether this could wait until the next reporting cycle…”

Antes de poder parar el torrente de pensamientos eran las 04:00 y yo no había pegado ojo. Algunas noches, con suerte, conseguía dormir dos o tres horas.

Otras noches dormía un poco más, mientras tenía pesadillas constantes con mi trabajo. Reuniones que descarrilaban, business cases que no me aprobaban, mi jefe que me ponía emails raros…

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Los fines de semana, cuando volvía a casa, dormía mejor y cogía fuerzas para empezar el lunes con energía; pero el cansancio empezó a acumularse rápidamente y yo… no hice caso.

Subí unos cinco kilos de peso, gracias a vivir en hoteles y viajando constantemente. Y lo siguiente que sucedió fue que empecé a ponerme enferma de anginas cada dos o tres semanas. No era un leve dolor de garganta que con un paracetamol vas tirando: era el cuadro de fiebre muy alta, confusión entre realidad y sueño, imposible tragar nada durante dos o tres días. Fui al médico y me daban penicilina, que yo tomaba religiosamente para pasar una semana bien y volver a ponerme enferma a las dos semanas de haberme curado.

A la cuarta vez que me recetaron la penicilina, mi médico empezó a hacer preguntas, me sacó sangre, me hicieron varias pruebas de tensión arterial y decidió que aquello no era normal.

Cuando fui a recoger los resultados, nos sentamos y entonces me dijo la célebre frase de que en cualquier momento me iba a dar un derrame cerebral. No por los análisis, que eran perfectos, si no por la tensión arterial. Mi cuerpo vivía en un estado permanente de estrés, siempre alerta y siempre preparado para salir corriendo. El diagnóstico era claro: agotamiento; y por primera vez no me recetó antibióticos sino descanso, dieta sana y ejercicio moderado. Lo que viene a ser cuidar de uno mismo, de nuestro cuerpo incluyendo nuestro cerebro, que solo tenemos uno.

No quise coger una baja pero le prometí que me lo iba a tomar en serio. Y durante el último mes, he estado cuidando de la cosa más preciosa que tengo y poco a poco haciendo progresos. Salud, salud, salud. Que nunca nos falte.

Por eso decidí dejar el proyecto Berlín y volver a la vida aburrida de Edimburgo. Y sí, puedes escribirme un comentario para decirme que no valgo para ser una súper ejecutiva como en las pelis, o que soy una exagerada o que me den morcilla de burgos. Este post no lo escribo para ti, lo escribo para mí. Para que la próxima vez que me pase esto, no tenga que estar ocho meses: ojalá me baste con ocho días para darme cuenta de que (cambiamos a inglés y ponemos voz imaginaria como The Queen) “Dear David, in regards to your email, unfortunately I will not be around anymore to action your very poorly planned request as I will be in a field full of rabbits relaxing and enjoying my life. Best regards, yours truly.”

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1 Comentario

  1. eres project manager de tu vida, la mejor que podrías tener! aunque a veces puedas desviarte y requerir de asesores externos para volver al objetivo principal, tomarás las mejores decisiones, esta es una de ellas! todo lo demás es aprendizaje ^^

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