Las cinco mejores cosas del final de las vacaciones

Estar de vacaciones es fantástico: conoces lugares nuevos, pruebas comidas deliciosas y eres un poco más indulgente en general contigo misma. Si te apetece tomar postre para desayunar (hola, tarta sacher de las diez de la mañana) haces la vista gorda contigo misma y te permites el capricho.

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Sin embargo cuando Arol y yo viajamos y estamos fuera durante dos o tres semanas yo llego a un punto en el que empiezo a decir “quiero volver a casa”.

Por qué es bonito que se terminen las vacaciones

1. Es fantástico poder volver a tu rutina gastronómica y comer la comida que sabes que te gusta y que te sienta bien. Tarta sacher para desayunar es una alegría para las papilas gustativas… pero la verdad es que yo echaba de menos mi descafeinado lavazza, que es el que a mí me gusta y mi fruta mañanera que está rica como una chuchería sin sentarme pesada como las capas de bizcocho y chocolate…

2. No hay lugar en el mundo como tu cama. Da igual que te hospedes en un hotel con más estrellas que la Osa Mayor: tu cama es tu cama. Yo soy de dormir con dos almohadas y prefiero que la cama sea alta. Además, me gusta que entre un poco de luz en la habitación. También me gusta reconocer los ruidos que oigo. Todas esas manías, fuera de casa, son muy difíciles de mantener… y la calidad del sueño se resiente.

3. Me gusta viajar ligera de equipaje y eso significa que llevo un vestido, un vaquero y camisetas. A mitad del periplo, paramos y ponemos una lavadora donde se pueda. Me sucede a veces que me canso de ponerme siempre la misma ropa y echo de menos poder cambiarme de pijama o no llevar siempre las mismas braguitas en rotación diaria…

4. Algunos días me agota tener el cerebro en modo aprendizaje continuo, leyendo los carteles de los cuadros, preguntando a los guías, mirando hacia arriba al pasear por las calles de la ciudad… A veces, sienta bien poder ir en piloto automático, sin maravillarte por tanta belleza y sin preocuparte por si te estás perdiendo algo clave de la ciudad… como una cerámica de un niño sujetándose la pirula en una vitrina de un anticuario de Budapest.

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5. Algunas veces, me doy cuenta de que echo de menos trabajar. Ir a la oficina, ser productiva, tener reuniones de equipo, ayudar a otros a terminar una tarea. Cumplir un propósito, un objetivo o simplemente sentir que haces algo útil. Estar de vacaciones es divertido y relajante pero algunas veces volver a casa después de un día de trabajo duro sienta mejor que un paseo por la mismísima Viena y es que no se trata de ver monumentos si no de sentir que la que se merece el monumento eres tú, con todas las letras.

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2 Comentarios

  1. De pequeña siempre llegaba al final del verano con unas ganas locas de que se terminase, de volver al colegio, a la rutina… Y ahora que ya soy mayor la cosa no ha cambiado tanto, siempre llega un momento en que tengo ganas de que se acaben las vacaciones jejeje
    ¡Besotes!

  2. no me pasa con mi cama, porque la mía la he odiado desde el primer día… pero como tu propio water NADA! xD

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