Leer: La Isla Desconocida

Cuando Arol y yo viajamos esta es una de las escenas que más se repiten: la visita a un supermercado local para comprar nuestro desayuno del día siguiente. En la foto estábamos en Atenas, una ciudad que aparentemente no es muy cara pero que te sorprendería.

Ese día compramos unos batidos de chocolate de soja, un poco de fruta, zumo de naranja recién exprimido, queso feta griego y pan. Y aunque pueda parecer menos glamuroso que desayunar en uno de esos fantásticos buffets libres de los hoteles, las excursiones a los supermercados de cada lugar son una de las experiencias más chulas: una especie de incursión en una isla desconocida, donde descubrirás qué comen. Algunas cosas serán familiares y otras no, aunque después de ese viaje, pasarán a serlo.

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Eso me recuerda al segundo libro que leí este año, un cuento que escribió José Saramago y que sin duda es uno de los mejores libros que he leído nunca.

El Cuento de la Isla Desconocida es muy, muy corto: tardé una hora en leerlo y cuando acabé hice lo que hay que hacer con los libros que te emocionan: volver a empezarlo. Saramago lo escribió en 1998 y te prometo que mientras lo leía casi podia oírle a él contármelo. Esto sucede en parte por cómo está escrito, ese estilo que recuerda mas a cómo hablamos que a cómo escribimos: el ritmo es muy distinto, los signos de puntuación funcionan con otras reglas, pero es mucho mas musical y poético.

“Un hombre llamó a la puerta del rey y le dijo, dame un barco. La casa del rey tenia muchas mas puertas, pero aquella…”

Cuenta la historia de un hombre que le pide un barco al rey, porque quiere ir a buscar la Isla Desconocida. El proceso para conseguirlo es muy burocrático, pero el hombre no desiste y al final, se lo dan. (Cómo me recordó a mí esta parte y a muchas cosas de las que he conseguido en la vida, a base de no rendirme nunca!) El cuento sigue y el final (que no voy a desvelar), es hermoso.

Uno de los detalles más bonitos del relato es que ningún personaje tiene nombre. Saramago los llama “el hombre”, “el Rey”, “la mujer de la limpieza”. La sensación de cercanía es muy muy intensa, porque no cuesta nada identificarse con ellos e imaginarlos en nuestra cabeza.

Citaría párrafos enteros del libro pero me voy a quedar sólo con el que me llenó los ojos del lágrimas.

“Es extraño que tú, siendo hombre de mar, me digas eso, que ya no hay islas desconocidas, hombre de tierra soy yo, y no ignoro que todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarquemos en ellas”.

Definitivamente, merece la pena viajar a las islas desconocidas para convertirlas en conocidas, aunque coman plátanos igual que en la tuya.

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6 Comentarios

  1. Como fanes de la gastronomía, al bicho y a mí nos encanta curiosear en los supermercados (incluso sin salir del país).
    Es una de las cosas que más nos gusta, porque es parte fundamental de la sociedad y se puede aprender mucho.

    Por ejemplo, en Escocia nos llamó la atención la cantidad de productos variados que había para gatos, cuando en España es casi una anécdota. Bueno y los megapasillos de pan de molde!

    • Mirichan

      Es que el bicho y tú sois viajeros de calidad! Y como tales, espero que ya estéis preparando el viaje de este año a Asturias… :-) ¿Iréis a Asturias, no? xD

  2. Aún siendo de los escritores más conocidos que hay en España creo que todavía falta tiempo para que se le llegue a valorar como se merece. ‘Ensayo sobre la ceguera’ es uno de esos libros que no solo se leen, se viven intensamente.

    Muchas gracias por descubrirme El Cuento de la Isla Desconocida ya mismo (en cuanto salga del trabajo) me pongo con el!!

  3. Pensaba que era la única con esta “afición” por los supermercados ajenos! :)

  4. la visita al super (y al mercado-mercado) son básicos de los viajes! no solo para ver lo que comen, sino para traer alguna cosilla de vuelta y revivir la experiencia a través del paladar ^^

    la cita, preciosa.

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