Los cuadernos de Mirichán

El primer día que llegué a la oficina de Edimburgo, alguien fue lo suficientemente amable y considerado para darme un cuaderno, unos bolígrafos negros y algunas otras cosas del armario del material de oficina. El armario está siempre abierto y todos podemos coger libremente lo que necesitemos, pero es verdad que cuando eres nuevo esos detalles por parte de tus compañeros, marcan la diferencia – (y pensándolo bien, yo fui lo más nuevo de lo nuevo, adaptandome al puesto, la oficina, la ciudad, el país y el acento escocés todo a la vez).

Ese primer cuaderno era un cuaderno de espiral, con 80 hojas rayadas de la marca Office Depot. Nada pinterest ni hípster: una simple libreta normal y corriente.

Mi método de trabajar (y de vivir, me atrevería a decir) incluye hacer listas de cosas pendientes y apuntar absolutamente todo en las reuniones o conference calls a las que asisto. A veces no hay necesidad pero he llegado a la conclusión de que en mi caso, escribir lo que estamos hablando me ayuda a pensar y a organizar mis ideas. Además, resulta tremendamente útil cuando alguien no asiste a una reunión o cuando nos hemos olvidado de exactamente quién dijo qué: sólo tengo que buscar esa información en mi libreta y ahí está todo escrito.

Con ese tremendo volumen de gasto de páginas, un cuaderno suele durarme entre 6 y 8 semanas. Así que muy disciplinadamente, con un rotulador de color marrón (que también me dieron ese primer día), etiqueto cada cuaderno de forma sencilla: “Miriam´s notebook, From: tal fecha, To: tal otra fecha” seguido del número de cuaderno.

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Después de dos años en el primer puesto que tuve en Edimburgo, tenía once cuadernos. Todos iguales, perfectamente numerados, etiquetados y con sus fechas correspondientes.

Al cambiarme de trabajo, me pareció que tenía sentido comenzar un cuaderno nuevo, dejando incompleto al número 11 del puesto anterior. Normalmente no dejo páginas vacías en mis cuadernos, pero dado que era un cambio estructural importante, decidí que era aceptable. Y como te puedes imaginar, en mi primer día en el puesto nuevo, después de saludar al nuevo equipo y aprender dónde estaba el baño y la salida de emergencia, lo primero que hice fue ir al armario de material de oficina para buscar un cuaderno, el nuevo numero 1.

Había muchas libretas tipo moleskine y algunas con espirales pero de tapas duras y en otro color. Y yo simplemente, no pude. Después de dos años usando el mismo cuaderno, no me pareció aceptable empezar a usar otro formato de libreta diferente. Así que fui a hablar con nuestra secretaria y le dije que por favor, yo necesitaba cuadernos de Office Depot, A5, espirales, tapas blandas, ochenta páginas y rayados.

Lo bueno de trabajar con británicos es que nunca sabes lo que de verdad están pensando de ti. Y yo que soy una optimista del carajo, pensé que mi petición le parecería completamente normal. Al día siguiente recibí un correo que me anunciaba que mi petición ya había sido respondida y un flamante cuaderno nuevo (pero familiar) tenía sus suaves hojas rayadas preparadas para mí.

A las seis semanas, cuando me quedaban unas pocas hojas para terminarlo, me dí cuenta que en el armario no habia más. Era raro, porque normalmente piden de diez en diez o volúmenes similares; pero de nuevo avisé a nuestra secretaria de que no quedaban “mis” cuadernos. La operación se repitió un par de veces hasta que la última vez ella me pidió que cogiera cinco cuadernos y los guardara en mi cajón, para asegurarme que siempre los tenía disponibles.

Aprovechando ese momento, me armé de valor y le pregunté si era muy raro el tema de los cuadernos y si alguien más tenía peticiones extrañas. Y nuestra secretaria, sonriente como es ella, me dijo que no entendía muy bien porqué yo seguía pidiéndole los cuadernos más baratos de todo el stock de office depot habiendo moleskines y journals mucho más fashion.

Mi respuesta fue: la verdad es que yo tampoco.

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2 Comentarios

  1. Ja ja ja ja, pobre la secretaria encargada de los cuadernos! Un post muy acertado para un lunes el día de vuelta a la rutina por excelencia.

  2. Hola Mirichan,

    Yo también soy fanática de las libretas, incluso les pongo portadas cuando cambiamos de mes, ¡cómo en la escuela! Aunque eso sí, prefiero las de cuadro grande.

    Saludos :)

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