Comprar: Me vendieron unas botas sin enterarme

En mi armario escocés no pueden faltar las botas porque cuando hace un frío del carajo me quitan el frío de las piernas (y así puedo llevar falda o vestido de vez en cuando y mi vida no se limita a un desierto de pantalones). También son imprescindibles porque normalmente son resistentes y cuando hay lluvias torrenciales (o sea, seis meses al año y los otros seis menos pero también) no se me mojan los pies.

El otro día llovía a mares y yo no llevaba ni tres minutos caminados cuando me doy cuenta de que tengo el pie derecho empapado. No un poco. Mojado como si fuera descalza a trabajar.

Cuando llegué a la oficina me sequé como pude el pie y la media (la española que hace cosas raras, look at her, qué estara haciendo con el papel higiénico debajo de la mesa). Inspeccioné la bota y encontré con una raja en la suela tan grande como la de las cataratas de Iguazú y claro, el agua de lluvia se precipitaba hacia dentro.

Así que me tocó ir a buscar unas botas nuevas. Con lo que me fastidia a mi tener que comprar cosas nuevas y pasar por el proceso de acostumbramiento. Fui a Clarks, que es mi zapatería de confianza, pero no tenían botas planas y beiges. Fui a Schuh, que es otra zapatería donde me compré unos oxford que me salieron muy buenos, pero confieso que no me gusta mucho ir porque no sé decir el nombre de la zapatería y eso me pone nerviosa; cuando luego alguien me pregunte dónde las compré yo voy a empezar a soltar “xu?” “chu?” “chus?” “xug?” “sugus?” y se va a repetir el momento de la española que hace cosas raras, look at her.

Afortunadamente en la zapatería Xú no tenian nada de mi agrado, así que una preocupación menos.

Fui a Dune, que es una a la que nunca había entrado pero queda cerca de Xú y oye, Dune sabemos decirlo todos, que para eso han hecho una película con ese nombre.

Entré y fui directa a las rebajas. Me probe dos botas que eran del 38 y ya sabía yo que no me iban a valer, porque calzo el 39, pero eran tan baratas que no me podia resistir a intentarlo. Y llegó la dependienta (conocida en estos mundos como sales assistant) y me dijo que si me podia ayudar. Le explico que quiero unas botas beiges, planas y que no sean muy altas de caña y que calzo un 6 y medio aunque a veces un 7 me queda bien también.

Se va y me trae tres pares. Me dice que solo uno de los pares es de mi número, los otros dos son un número menos pero es lo que tienen ahora mismo en tienda.

Ahí ya me tenía que haber plantado yo, primero porque los zapatos no eran de las rebajas y después porque si calzo un seis y medio, es un seis y medio. Pero yo quería encontrar las botas e irme a mi casa con el recado hecho, así que le digo que me lo pruebo, que vale, que a ver si hay suerte y la horma es un poco más grande.

La dependienta se va y me deja mi intimidad para probarme las botas. Intimidad totalmente necesaria porque yo no sé si le pasa al resto del mundo o no, pero a mi me cuesta un huevo meter el pie en una bota. Pongo caras, me suben los colores, hago gestos con los pies, levanto las piernas, quiero una cirugía de empeine…

Fracaso total. El par que es de mi número es de ante y el ante es el peor enemigo del agua. Cuando llueve prefiero llevar flip flops que cualquier zapato de ante, fíjate lo que te digo. Porque yo veo el ante mojarse y ya estoy sufriendo, el ante no se seca con el papel higíenico (véase párrafo anterior).

Los dos pares que no son de mi número me abrasan y veo a la Santina de Covadonga en tacones de aguja, pisándome el dedo gordo. Hay una bota que me tiene que ayudar Arol a quitarme porque me ha pasado como cuando te pruebas un anillo de diamantes, que entra y luego no sale y te empiezan los sudores fríos de “ay mamina mía como lo tenga que comprar”.

Vuelve la dependienta y me pregunta qué tal. Total failure le digo yo. Pero hay un par que es bonito y es una pena que no las haya en mi número. Y con una dulzura que provocaría un coma diabético, me pregunta si quiero que me la pida en mi número para que la traigan a la tienda. Que queda un par en el stock, en la nube, en el cielo de las botas beiges y que me lo pueden traer a la tienda.

Pues claro que sí, le digo yo. Traeme el par del seis y medio y yo lo pruebo.

Ahí me tenía que haber vuelto a plantar. Porque yo quería irme con las botas a casa, no quería tener que volver otra vez, para volver a probármelas, para ver si me valen o no. Demasiadas molestias.

Total que me pongo mi zapato y voy a caja para que cojan mi nombre y mis datos y me avisen cuando llegue la bota a la tienda. La chica coge todos mis datos, mi teléfono, mi email, mis apellidos españoles que tengo que deletrear… y entonces saca el datáfono. Y me dice que son noventa y nueve libras.

Ahí definitvamente, me tenía que haber plantado. Primero, porque cómo voy a pagar unas botas que no me he probado. El proceso de compra no funciona así: tu eliges, pruebas, pagas. No eliges, pagas pruebas. Segundo y dicho sea de paso, porque yo me estaba probando las botas que ella me trajo y que no tenían precio; ninguno de los tres pares estaba etiquetado porque la dependienta los fue a buscar directamente en el almacén.

Saqué la tarjeta para pagar y por lo menos tuve el valor de preguntarle si podría devolverlas cuando llegaran en caso de que no me gustaran, no me quedaran bien o me parecieran groseramente caras.

Obviamente cuando las botas llegaron a la tienda me avisaron y yo fui a probármelas aunque ya tenía claro que no me iban a gustar absolutamente nada.

Y ahora tengo dos zapaterías prohibidas en Edimburgo, la Xú y la Dune.

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7 Comentarios

  1. Anda que no nos lían a veces las “shops assistants” eh? Algo parecido me pasó a mi con los zapatos de mi boda que por suerte también pude solucionar :) Jolin, es que te lian, te lian y al final acabas con lo que no querías!

    • Mirichan

      Esta tenía el máster en liar a las clientas sin que perciban que las estás liando… al final devolví las botas y no pasó nada, pero me fui a casa con la sensación de ser gilip****s :-S

  2. Miri, me dio curiosidad y busqué la pronunciación de la tienda impronunciable xD
    Según wikipedia: schuh (pronounced /ʃu/, like “shoe”), aunque la palabra alemana se pronuncia de otra manera.

    Y hasta aquí el momento nunca te acostarás sin saber una cosa más :D

    • Mirichan

      Muchas gracias por el aporte eductivo…
      A lo mejor ahora me puedo atrever a volver a Xú? jajajaja

  3. hace unos días busqué unas botas para la lluvia, me probé la 38 y la 39 (que en realidad son 37-38 y 39-40) y decidí llevarme la 38 porque, aunque me quedaba justa podía ceder.

    al llegar a mi casa desempaqueto todo me las pongo, salgo… y cedieron muy rápido… me había llevado las 39/40, no lo miré y ya no las podía devolver! ¬¬U

    pero lo peor de lo peor es que cuando volví ya no tenían las 38 así que, o voy con botalanchas o nada -_-

    • Mirichan

      Y no se puede solucionar poniendo una plantilla o algo así? Un remedio casero es hacerle una plantilla de fieltro (y así aunque se doble un poco por los lados para rellenar no te hará daño porque se adaptará a tu pie…

      QUE DIFICIL ES COMPRARSE UNAS BOTAS, YO DI-MI-TO!!! jajajaja

  4. Vaya dependienta más lista!! Bueno al menos pudiste devolverlas…Espero que encuentres pronto unas que te vayan bien en relación precio / calidad.
    Anda que a mi este año me pasó también una historia con unas botas. Quería un modelo en concreto que me gustaba, tras pasar a probarlas dos veces decidí comprarlas.
    A la semana siguiente, no me di cuenta de que era el black friday…por probar pasé por la zapatería y las había, misma talla y modelo pero por 10€ menos.
    Como no las había estrenado aún las primeras, me cogí unas nuevas por 10€ menos y devolví las primeras…en fin…suena un poco tacañona pero hay que mirar el dinerín!!

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