Meditar

Todos vivimos épocas o momentos puntuales de estrés. A veces, es el trabajo lo que lo provoca y otras veces es alguna situacion familiar, personal o simplemente la preocupación sobre que un determinado acontecimiento se produzca sin que llegue a producirse realmente.

El estrés se manifiesta de forma diferente en cada uno. Todos conocemos a alguien que pierde el apetito cuando está estresado (y secretamente le envidiamos #quenosconocemos porque nos parece la mejor dieta milagro: reducción de calorías por preocupación). Algunos experimentamos justamente lo contrario y sentimos ganas de comer constantes. El estrés también afecta a los patrones de sueño y nos hace dormir peor o no poder despertarnos por las mañanas. Es una tensión permanente tan importante que llega a producirnos enfermedades.

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Yo soy una persona feliz. Espera, déjame que corrija esa frase que acabo de escrbir: yo soy una persona muy feliz. Y a veces siento estrés muy fuerte en mi entorno laboral. Trabajo más de 50 horas a la semana con un equipo de personas a mi cargo. Cuando me llega un correo o me llaman por teléfono para pedirme algo, es imposible cumplir con las fechas que nos dan porque cuando las cosas llegan a nosotros es porque deberían haber estado listas “ayer” y no lo estuvieron. Aún así, me gusta mucho mi trabajo, mi equipo y cada día llego a la oficina con una sonrisa. No escucho las señales de cansancio, ni hago caso a mi cuerpo cuando me avisa de que no estoy haciendo suficiente deporte. Ignoro completamente cuando me duele la cabeza por estar doce horas delante de una pantalla y también desobdezco a mis ojos llorosos por no tomar descansos.

Pero soy humana y después de cuatro o cinco semanas de vivir sólo para trabajar el estrés empieza a manifestarse de formas tan acusadas que ya no puedo ignorarlas. Por ejemplo con llagas en la boca que me impiden hablar en las reuniones como a mí me gusta. O despertándome a las tres de la mañana con la cabeza llena de cifras, después de haber soñado dos horas seguidas con el reporte en el que trabajamos ese día. A veces también he sentido un dolor agudo en el pecho, justo en el centro donde está el esternón.

El cuerpo aguanta lo que aguanta pero si no escuchas las señales que envía, empieza a subir el volumen hasta que le prestes la atención que demanda sí o sí.

Y yo no quiero dejar mi trabajo pero tampoco puedo vivir con los síntomas de estar en tensión cincuenta horas a la semana. Así que poco a poco he ido poniendo en marcha distintas actividades que me ayudan a controlar el estrés: hago deporte mínimo una vez a la semana (y ese día me obligo a salir de la oficina), me llevo siempre la comida de casa para asegurarme de que como lo más sano que puedo a pesar de que no paro para comer, no trabajo nunca el fin de semana, intento reírme de todas las cosas que nos pasan en la oficina junto con mi equipo… y hago meditación zen (o zazen). Y de eso va el post de hoy, de meditar.

Meditación a la Mirichán

Vaya por delante que no soy budista ni es mi intención convertirme. No busco iluminarme ni conectar chakras en mi interior: con la meditación yo busco dedicarle a mi cuerpo unos minutos todos los días para escuchar como se siente. En concreto, diez minutos diarios. Durante esos diez minutos siento cómo está cada parte de mi cuerpo, desde los tobillos hasta la coronilla pasando por los codos, la espalda los hombros y todo lo demás. Y el resto del día, que son veintitrés horas y cincuenta minutos, me olvido de mi cuerpo y de mí misma como hasta ahora y me dedico a trabajar, correr de un sitio para otro, hablar de la capitalización de tal o cuál cosa y convencer a mi jefe de que las accruals por sí mismas no son ni buenas ni malas, somos nosotros los que las hacemos un instrumento de la desgracia :-)

No tengo un cojín de meditación ni me he comprado banderitas en sánscrito. Tampoco tengo un gong en casa para indicar el principio del ejercicio y el final. No digo namasté ni medito con las manos juntas en el centro de mi pecho.

Solo me siento en el suelo, en medio de mi salón, cierro los ojos y empiezo a sentir mi respiración. Y muchas veces mi cabeza empieza a pensar en otras cosas, en miles de millones de cosas. Pero entonces yo pienso que esos son los únicos diez minutos del día que me he regalado para sentirme a mí y para escucharme a mí.

No soy médico y no sé si hay fundamentos científicos que expliquen los efectos de la meditación en las personas estresadas. Pero soy persona estresada y puedo contarte que a mí me funciona. Ójala te funcione a ti también y como yo, hayas dejado de sentir esa ansiedad continua, sueñes cosas increíbles por las noches que no tengan nada que ver con tus preocupaciones y sobre todo, te sientas bien y seas una persona feliz.

Espera, déjame que corrija esa frase que acabo de escribir. Que seas una persona muy feliz.

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AHORA: Puedes inspirarte más leyendo a Chocobuda, que explica qué es la meditación y cómo meditar sin necesidad de conceptos chamánicos y demás parafernalias. También puedes ir a ver los vídeos de Benjamin, que durante cuatro horas varias veces a la semana se sienta frente a la cámara y simplemente sonríe.
Las fotos de este post la hice en Viena durante el viaje que hicimos en Septiembre de este año.

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2 Comentarios

  1. vi la primera foto y me transporté a viena!

    espero no sonar rara, pero yo uso esos minutos justo antes de dormir, me pongo horizontal y me voy despidiendo de mis partes del cuerpo, subiendo desde los pies hasta la cabeza, caigo profundamente dormida inmediatamente después!

  2. Sabes que este post casi lo podría haber escrito yo? Bueno, menos lo de la meditación, que no lo he puesto en marcha aún. Pero hasta ese punto suscribo todas tus palabras y me veo muy reflejada en todo lo profesional. Para mí marcó un antes y un después empezar a ir a clases de Pilates con una profesora que es una inspiración total. Desde entonces me apunto todos los terms con ella y no puedo pasar sin mi hora semanal de Pilates. No es mucho, pero es suficiente para cambiar un poco las energías.

    Aún así, el estrés está ahí sin que lo notemos y hay días como hoy en los que cuando las energías fallan él consigue que la sensación de #snowedunder pueda más que nunca.

    No pierdas esos minutos que te dedicas al día, que seguro que marcan la diferencia!

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