2017

Hay años buenos y años malos. Los hay de esos que recuerdas toda la vida, como el año en que te casaste o el que te conocí. Para algunas personas, 2017 pasará a la historia y para otras será un año más que dentro de diez no destacará por nada especial, como los capítulos de un libro que continúan el relato pero en los que no sucede nada crítico que altere la hoja de ruta.

2017 me ha enseñado una nueva categoría de tiempo que me he decidido a llamar el año secreto. Visto desde fuera probablemente pienses que mi año ha sido uno más del montón, con la locura del trabajo, con viajes salpicándolo todo y las mismas caras amigas compartiendo cafés y cenas. Sin embargo, este año me ha traído cosas que he decidido no contar a nadie y vivir sola, por primera vez.  Yo, que soy más transparente que el agua de un mar tropical y que cuento todas las cosas que se me pasan por la cabeza con una soltura y un desparpajo que no te imaginas… he aprendido a mirar hacia dentro y he atesorado muchas vivencias que egoístamente, no he querido compartir con nadie.

Al principio de 2017 sentí que a lo mejor estaba mal eso de tener secretos, de pensar cosas sin contárselas a nadie, de sentir cosas sólo para mi. Pero tras muchos meses de construír mi pequeño universo me doy cuenta de que no lo quiero dejar y del placer de disfrutar de cierto grado de introversión. De lo bonito que es sentir para uno mismo y no para correr a contar a los demás cómo tu estómago se dió la vuelta; de lo sexy que puede ser el misterio a veces y de la paz interior que se gana cuando eliges tus batallas y decides quedarte callada con la mirada perdida en lugar de pedir a esa persona que deje de criticar lo mal que aparcas.

Aunque empezó a principios de año, hubo un momento de claridad que casi me apetece llamar clarividencia cuando conté a todos las buenas nuevas de Berlín. Durante semanas estuve respondiendo preguntas por todas las esquinas sobre cuándo nos vamos, quién paga el alquiler, qué vamos a hacer con la casa, por qué Berlín, si hablo alemán o qué voy a hacer siendo vegetariana en el país de las salchichas. Poco a poco me dí cuenta de que la que causa de todas esas entrevistas sin cita previa era yo misma con mi derroche de información.

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Y entonces excavé y entendí que los motivos de porqué me he pasado los treinta y cuatro años anteriores dando explicaciones de mis idas y venidas estaban relacionados con una especie de necesidad de aprobación por parte de los demás. Si te cuento porqué hago lo que hago y tú reaccionas positivamente, eso quiere decir que yo estoy haciéndolo bien. Si no reaccionas tan positivamente o si directamente me tiras los trastos a la cabeza, entonces seguramente significa que yo no lo estoy haciendo bien. ¡Ay, el miedo a equivocarse! ¡Ay, el miedo a ser la única tonta en medio de un océano de cuñados más listos, más guapos y más exitosos que tú!

Por suerte 2017 me tenía reservado ese momento de clarividencia que te contaba antes y del que hoy vengo a resumirte dos cosas. La primera, que no tengo por qué dar explicaciones a nadie de lo que hago o quiero hacer.  La segunda he preferido no contártela.

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2 Comentarios

  1. me ha encantado el final! no tenemos por qué contarlo todo, ya lo practicaba Scherezada y eso le salvó la vida ;D

  2. ESO ES LO QUE YO LLAMO MI CUPULA

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