Me gusta mucho cocinar. Cada vez más. Últimamente hasta prefiero cocinar algo estupendo en casa antes que salir a cenar fuera, incluso aunque quedarnos implica recoger la cocina y poner el lavavajillas después.

Uno de mis objetivos para este 2017 es precisamente atreverme a cocinar platos nuevos. Mi cuñada Marita me desubrió la humita (recuérdame que te escriba sobre este increíble plato tradicional de la cocina norteña argentina) y preparar, probar y hacer mía la receta despertó a un monstruo dentro de mí que quiere cocinar por primera vez muchas otras veces.

Fuentes de inspiración las hay a miles: sólamente dentro de internet hay chorrocientas recetas listas para ser descubiertas. Sin embargo ese volumen desmesurado muchas veces hace que no sepamos por donde empezar. Así que yo he decidido coger las cosas por el principio: fui a la biblioteca y estuve casi una hora sentada delante de la sección de cocina, hojeando los libros. Me llevé uno a casa de cocina de India y cociné una variación de khichuri con mung daal, que son esas habas verdes más pequeñas que un guisante. Salí de la zona de confort a lo grande: la receta empezaba sofriendo un palo de canela, cuatro vainas de cardamomo y dos guindillas de cayena. Confieso que yo miraba el contenido de la olla y me decía a mí misma que cualquier receta que sofríe canela, no puede acabar bien.

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Las librerías están llenas de libros de cocina y a lo largo y ancho de mi vida yo he acumulado unos cuantos y me han regalado otros pocos. Nunca me ha gustado acumular cosas, asi que tengo en total cuatro libros: uno sobre las mejores hamburguesas vegetarianas, otro sobre cocina crudivegana, otro propone 50 recetas de sopas y ensaladas; y el último tiene más de cuatrocientas páginas de recetas vegetarianas. Todos fueron comprados (o me los regalaron) cuando decidí dejar de comer carne y pescado hace cuatro años y literalmente, volví a aprender a cocinar.

Durante estos cuatro años me he dado cuenta de que existen dos formas de cocinar. Una es la que sigue la receta al pie de la letra, conjunta dos recetas, explora las diferentes cocinas con manuales de especias y guías de sabores del mundo. La otra es la que cocina un poco guiada por su intuición y según va viendo lo que tiene en la olla añade o quita, suma o resta, aprieta el fuego o pone la tapa. No seguir punto por punto unas instrucciones tiene la desventaja de que algunas veces, sale un desastre… pero desde mi punto de vista el aprendizaje es más profundo porque comprende los sabores, los siente sensorialmente más que de una forma lógica.

Por eso he dejado de comprar libros de cocina. Porque me gusta ir a la biblioteca, odio mover los libros para limpiar las estanterias y además, prefiero desdibujar una receta con mi propia visión del plato.

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