#ProjectoBabyLaura

Cuando a la gente que tú quieres le da por reproducirse, es siempre motivo de fiesta. Si dos personas que son guapas, buenas y listas deciden juntarse y fabricar otra persona, ese nuevo ser humano no puede ser menos guapo, bueno y listo que las personas originales. Es como una especie de propiedad commnutativa pero además exponencial. Y qué quieres que te diga, el mundo estará superpoblado, pero gente buena nunca sobra.

En ocasiones como esta, lo habitual es que todos corramos a las tiendas y compremos esterilizadores de biberones, termómetros por infrarrojos y pijamas babyglow (no, no me lo estoy inventando, mira el link aquí). Tengo que confesarte que yo estuve a punto de hacer lo mismo. Pero luego pensé en la conversación que tendré que tener con Laura dentro de diez años…

– Tía Miri, ¿y cuando yo iba a nacer tú estabas contenta?

– Estaba más contenta que unas castañuelas andaluzas, y eso es muy contenta, que ya sabes que la tía es del norte… Fíjate lo contenta que estaba y con qué ganas te esperaba que corrí a la tienda y… ¡te compré un termómetro por infrarrojos!

Me niego rotundamente a tener esa conversación con mi sobrina. Me niego a comprar termómetros, esterilizadores, sacamocos. Entiendo que deben ser objetos muy útiles y que los padres van a tener que comprarlos de todas formas; pero si voy a hacer un regalo, que sea algo para ella y no para facilitar la vida (o ahorrar dinero) a sus padres.

Entre ideas de pendientes, madreñas, pulseras y qué se yo, se hizo la luz y se me ocurrió la mejor idea del mundo mundial y probablemente de todo Trappist 1 también. Una manta hecha por mí, uniendo cuadraditos de tela, rollo “quilting”. Laura la podrá usar durante toda su infancia y cuando sea mayor, puede colgarla como un tapiz e incluso usarla con sus hijos, que serán mis sobrino-nietos. Una manta de amor, que la tape cuando tenga frío, que sirva para que juegue encima, y que vaya con ella hasta la mismísima universidad.

Lo malo es que yo soy muy muy muy (muy) amateur con esto de la máquina de coser y hacer un quilt es un montón de trabajo. ¿He dicho ya que no había hecho ninguno antes? ¿Quién dijo miedo?

Mi primer quilt

Lo primero que hice fue apuntarme a una clase de máquina de coser y explicarle a mi profe el #proyectobabyLaura. Después de decidir juntas el diseño para que no fuera excesivamente complicado, elegí las telas y me puse manos a la obra: paso 1, cortar cuadraditos. ¡Ay Laura! ¡Si tú supieras lo que pasó la tia Mirichán con las tijeras del demonio! ¡Lo difícil que es cortar recto! ¡Lo que se me cansaba la mano derecha! Tardé dos clases enteras (unas cinco horas) y un ibuprofeno para el dolor de espalda en cortar la tela.

Cuando había terminado de cortar estaba tan tan tan (tan!) contenta que hasta canté una canción de Rocío Jurado para todas mis compañeras de la clase de costura (y ante la mirada atónita de la profesora).

Paso 2: coser los cuadrados de tela en lo que sería la parte frontal del quilt. Este paso fue más fácil que el paso uno. Tardé más o menos otras dos clases más un par de tardes de domingo en casa (ponle unas diez horas). Me dí cuenta de que es un diseño muy marinero y me encanta la combinación de colores.

Paso 3: coser el relleno a la parte frontal. Como no quiero que mi sobrina pase frío, obviamente escogí un relleno gordito, de calidad superior escocesa. Lo que no sabía es que cuanto más gordito el relleno, más problemas para moverlo debajo del pie de la máquina. A veces la máquina directamente no podría arrastrarlo y otras veces el relleno se enganchaba. Sufrí bastante con esta parte y me llevó otras cinco horas.

Paso 4: coser la parte de atrás a la parte de delante con el relleno. En este paso empecé a ver luz al final del túnel y probablemente me vine arriba. Cosía de pie en la encimera de nuestra cocina y cantaba Barry White “my first, my last, my everything” moviendo las caderas. Con tanto entusiasmo, me equivoqué en una esquina y corté lo que no tenía que cortar.

Llegados a este punto, me senté y lloré durante cinco minutos. Lloré como lloran los bebés, sin importarles el mundo que les rodea ni si el motivo del disgusto es lo suficientemente importante. En un momento, pensé en ir a por el termómetro de infrarrojos y no contarle a nadie que había empezado un quilt y no había podido terminarlo.

Ahí fue cuando me dí cuenta de que el regalo que le estaba haciendo a mi sobrina no era una manta ni el tiempo o el esfuerzo que estaba poniendo en el proyecto. El regalo para Laura es un mensaje que va cosido en cada cuadrado, cada esquina, cada pespunte del relleno: LUCHA Y NO TE RINDAS.

Laura tiene que saber que nace en un tribu de personas que no se dan por vencidas. Somos espartanos y luchamos por lo que queremos hasta que lo conseguimos. Me levanté de la silla como si ardiera y grité al estilo Gandalf “youshallnotpass” mientras me sonaba los mocos de la llorera. Deshice toda la parte de atrás para corregir mi error. Volví a coserla, hice algunos remates y por fín, terminé la manta.

m11

El quilt de Laura (doblado en cuatro partes)

No es una manta perfecta, pero es la que yo he hecho para ella. No hay otra igual en el mundo, exactamente igual que Laura. Y dentro de diez años, podremos tener esta conversación:

– Tía Miri, ¿y cuando yo iba a nacer tú estabas contenta?

– Estaba más contenta que unas castañuelas andaluzas, y eso es muy contenta, que ya sabes que la tía es del norte… Fíjate lo contenta que estaba y con qué ganas te esperaba que cosí para ti tu mantita de estrellas, para que siempre te acuerdes de que hasta las cosas que no sabemos cómo hacer, son posibles si no te rindes.

– Bueno y también para que tape a las barbies, no?

– ¡Madrequeteparió!

Share This:

← Entrada anterior

3 Comentarios

  1. glòria

    Qué bonito, Miri!!! Y qué razón va a tener cuando la use para las barbies!!!!

  2. No podias hacerle mejor regalo :) Y te ha quedado super bonita!!

  3. Me has emocionado recordándome un proyecto familiar, voy a buscar el post que le hice y te lo enseño! ^^

Deja un comentario