Recordar: Khichdi

Hace cuatro años ya que Arol y yo fuimos a India. Es un país espectacular y creo que no debería faltar en el currículum de cualquier viajero occidental al que le interesen los choques culturales.

Nos pusimos algunas vacunas para ir prevenidos de las enfermedades más habitales y la doctora de medicina tropical nos contó que con toda seguridad íbamos a pasar la diarrea del viajero o como le dicen en el subcontinente asiático, “Delhi Belly”.

Yo extremé las precauciones al máximo: lavado de manos continuo, consumir agua siempre embotellada (hasta para lavarnos los dientes), no tomar bebidas con hielo, la fruta siempre pelada… fui muy rigurosa pero tantas molestias no me sirvieron de nada: una mañana me levanté con el cólico más fuerte que recuerdo en mi vida, corrí al baño y pensé que no me volvía a levantar de allí nunca jamás (porque aquello no paraba de salir y porque olía tan mal que estaba convencida de que perdería la consciencia de un momento a otro).

Me embarqué en un ayuno de veinticuatro horas en el que los síntomas no disminuyeron en absoluto, seguido de una única comida diaria de un bol de arroz hervido sin absolutamente nada. No mejoraba. Al tercer día volví a ayunar y me consolé pensando que por lo menos estaba viviendo la experiencia de los ascetas.

Es una enfermedad rara porque mientras tienes comida dentro de ti tienes diarreas muy fuertes. Cuando ya no comes obviamente no hay nada que expulsar, pero los cólicos y la hinchazón siguen ahí. Tienes un retorcijón y vas al baño pero no sale nada.

Después de cuatro días en este plan y sintiéndome bastante débil pensé en tomar los antibióticos que la doctora de medicina tropical nos había dado. Ella especificó que si había sangre en la diarrea, teníamos que tomar el antibiótico, y yo había estado fijándome mucho en este detalle sin ver rastro de ella pero al cabo de cuatro días sin comer nada más que arroz blanco yo ya veía visiones. Aún así, no me atreví a tomarlos. Decidí aguantar un poco más.

Al quinto día estaba en el restaurante de siempre y pedí de nuevo arroz blanco. A todo esto, Arol estaba fenomenal, comiendo sus currys con chapatis y thalis del día con parathas y de todo. La mujer que atendía el restaurante vino a la mesa con nuestra comanda y me preguntó por qué yo sólo comía arroz cada dia.

Le expliqué que era mi quinto día con Delhi Belly y que mi plan era esperar hasta hacer una semana y luego ir al hospital… pero los hospitales en India me daban miedo, más miedo que mis carreras nocturnas…

La mujer me dijo que el arroz no iba a ayudarme con mi problema y que lo que tenía que comer era kichdi. A mí aquella palabra me sonó a indio, pero le dije que vale, que me trajera kichdi. Que por intentar nada se pierde y que lo máximo que podria pasarme es una noche más accidentada de lo normal.

Me trajo un plato que yo no había visto nunca. Una mezcla de lentejas amarillas sin piel, arroz, y cúrcuma. Mientras lo comía pensé que iba a arrepetirme mucho cuando empezaran los retorcijones, pero tenía tanta hambre que no me resistí.

Nos fuimos a la cama, dormí toda la noche de un tirón y me desperté como nueva. No sé cómo ni por qué pero me importó poco: estaba curada y nuestro viaje seguía.

D8

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1 Comentario

  1. yo confieso que lo de comer arroz solo lo he visto aquí, pero lo que se me hace realmente raro es que la gente coma jamón de York! En estos casos en Lima somos de sopa de pollo o pan tostado y té, cada maestrillo tiene su librillo ^^

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