Llevo exactamente catorce días sin comprar absolutamente nada que no sea comida o bebida. Seguramente tú que me lees sigas pensando que es una locura, pero como una vez leí: “en mi locura encontré mi libertad”.

Está siendo uno de los experimentos más interesantes que he puesto en marcha en mi vida. Al principio, cuando decidí llevarlo a cabo, pensé que iba a ser fácil porque de todas formas yo no compro tantas cosas. No soy una adicta a la moda, ni a los cosméticos y tampoco me compro muchos libros ni colecciono dvds.

d1

Durante la segunda semana sin comprarme nada he aprendido dos cosas que creo que son muy valiosas y que tenía muchas ganas de contarte.

La primera cosa es la diferencia entre necesitar realmente algo y decirte a ti mismo que necesitas algo. Por ejemplo, la historia de las zapatillas de deporte: en el resumen de la semana anterior, te conté que necesito unas zapatillas nuevas porque las mías están destrozadas. Esa sensación de necesitarlas no vino estando de tiendas o viendo anuncios de zapatillas sino que la experimenté mientras me ataba los cordones en el vestuario de mi gimnasio. Sin embargo, cuando estaba en una tienda mirando pendientes me dije a mí misma que “los necesitaba” porque “hacía poco que había tirado otros pendientes”. Esa sensación de que unos pendientes nuevos me hacían falta vino mientras miraba pendientes, pero no se me había ocurrido en ningún otro momento antes de estar en la tienda.

La otra cosa que he aprendido en la segunda semana es que el márketing y la publicidad con sus artimañas tienen un efecto mucho más poderoso en mí de lo que yo pensaba. Yo creía que estaba por encima de las estrategias de venta de las grandes corporaciones pero resulta que me influyen mucho más de lo que parecía en un primer momento. Llegué a esta conclusión el otro día, mientras paseaba por una de las calles más comerciales de Edimburgo. En esta ciudad las rebajas de verano ya han comenzado y los escaparates se llenan de carteles enormes con colores llamativos que dicen “sales” en letras gigantes. Mientras miraba los escaparates con sus anuncios fosforitos un pensamiento incontrolado y sincero cruzó mi cerebro como una sardina en un mar: “Mirichán, menuda época has escogido para este reto de no comprar nada, te vas a perder las rebajas y seguro que hay cosas bonitas que están genial de precio… vaya pena”. Por suerte, pude atrapar a la sardina antes de que siguiera su viaje en el océano de mis pensamientos y me dí cuenta de una cosa: ¿qué importa que haya un chollo en las rebajas que no voy a poder comprar, si realmente no necesito comprar nada? Ningún chollo, por barato que sea, ni siquiera en el utópico escenario de que fuera completamente gratis, debería venir conmigo a mi casa simple y llanamente porque no necesito nada. Pero ahí están los carteles, llamando poderosamente mi atención y haciéndome sentir que si no entro a curiosear me estoy perdiendo gangas maravillosas. Estoy dejando pasar una oportunidad de conseguir algo ventajoso. Y que yo lo necesite o no es completamente secundario: lo importante es que me estoy aprovechando de las rebajas, estoy sacando partido a los fabulosos descuentos y me estoy llevando a casa algo que ahora sí que merece la pena. Aunque no lo necesites, merece la pena.

¿Merece la pena? Absolutamente no. No lo necesito, no quiero tenerlo, no quiero buscarle un espacio, ordenarlo, limpiarlo… y sobre todo no quiero verme a mí misma donándolo o tirándolo después de unos meses, tras haberme dado cuenta de que en realidad, ese objeto me sobra porque nunca lo necesité.

Vivimos rodeados de anzuelos pesca-sardinas.

Durante esta segunda semana no he entrado a las tiendas a curiosear como hice en la semana anterior. Me he sorprendido también observando a algunas personas que iban cargadas con bolsas de papel estampadas con logotipos de ésta y aquella otra marca con total fascinación. ¿Cómo no me dí cuenta antes de lo importante que es ese gesto de llevarte algo que antes no tenías a tu casa?

AHORA: Lee el post sobre el experimento de no comprar nada durante un mes y la actualización que escribí después de una semana sin comprar nada.

Share This: