Segunda semana sin pan

La primera semana sin pan se definió sin duda por un tremendo síndrome de abstinencia que me hacía estar más ansiosa de lo normal. Supongo que pasar de comer pan en todas las comidas (tostadas para desayunar, pan con la comida, un bocadillo pequeño para merendar, pan con el puré de verduras de la cena) a no comer pan en todo el día es un cambio radical que provoca cosas en el cuerpo humano.

Todavía no sé cómo permanecí fuerte sin sucumbir a los pensamientos de “qué ganas de comer un bocadillo bien crujiente” que me acosaban cada tres minutos. Supongo que esa cabezonería tan mía juega de mi parte en este reto y cuando digo que no como pan en un mes, no como pan y sanseacabó.

Ahora que he terminado la segunda semana, me alegro mucho de no haber dado mi brazo a torcer. Durante esta semana no he tenido mono físico de comer pan y he vivido algunas situaciones que me han forzado a salir de mi zona de confort, tal y como yo quería al inicio del reto. Por ejemplo, el otro día Arol y yo íbamos con prisa a ver un espectáculo y no habíamos tenido tiempo de comer. Antes del mes sin pan seguramente habríamos comprado un sandwich de cualquier cosa para ir tirando. Sin embargo tuve que desterrar esa idea y en su lugar compré unos albaricoques secos y unas almendras crudas que me saciaron igualmente. ¿Cuántos alimentos me estaba perdiendo antes cuando el pan era el primer recurso de la lista?

También tuve una comida de trabajo y fuimos aun sitio de comida italiana. Yo decidí tomar una ensalada pero me la sirvieron con una bruschetta (tostada) con tomate seco y queso de cabra. Normalmente yo aparto siempre los quesos y esta vez también hice a un lado la rebana de pan. Para mi sorpresa, después de comer me sentí activa y despierta, algo que en las comidas de trabajo no solía suceder y siempre me enfrentaba a las reuniones de la tarde con cierto sopor que requerían un café… o dos!

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Esta segunda semana sin comer pan  ha estado marcada también por una sensación de ligereza en mi cuerpo, especialmente en la zona del estómago y la barriga. Evidentemente, no puedo afirmar científicamente que haber quitado el pan de mi dieta sea la causa de sentirme deshinchada, pero mi conclusión es que no he cambiado nada más de mi dieta ni de mis hábitos normales.

Por otro lado, en esta segunda semana he perdido peso sin haber hecho ningún otro esfuerzo (más bien todo lo contrario ya que por razones que no vienen al caso, no he ido al gimnasio en toda la semana). Esto me ha hecho pensar en el valor nutricional de un bocadilo de hummus o un sandwich de huevo duro frente a una manzana con mantequilla de cacahuete o un batido de plátano.

Ahora que he “superado” las ansias paneras me pregunto si merece la pena volver a comer pan al mismo ritmo que lo comía antes de este reto o si por el contrario, debería pensar en cuánto pan quiero comer cuando el reto mensual se termine. Solo por curiosidad, ¿tú, cuánto pan comes cada día?

AHORA: Lee sobre el reto de no comer pan y el resumen de la primera semana sin comer pan.

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2 Comentarios

  1. Di que si Miri! :)

    Yo la verdad es que no como mucho pan; para desayunar dos tostadas y listos. Alguna vez cuando voy a comer a casa de mis padres y ellos si que suelen ir a la panadería a diario como pan en la comida pero por norma general no suelo.

    Siempre que vamos a UK, cuando pido una crema o sopa me traen su pan con mantequilla … es algo que siempre me ha parecido curioso.

  2. Aunque en mi casa siempre se ha traído pan todos los días y mis padres lo toman para acompañar todas las comidas, a mí nunca me ha hecho mucha falta. ¡Recuerdo incluso las broncas que me caían de pequeña por no comer pan!

    Ahora, quizá un par de tostadas los fines de semana y algún bocadillo ocasional, pero no suelo acordarme del pan para nada… (de hecho, ni lo compro, prefiero hacerlo en casa muuuy de vez en cuando y me dura un montón…) :)

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