Sentir: Sobrinos en camino

Mucho se ha escrito y hablado de lo que sienten esas madres primerizas cuando están embarazadas. Saben que las náuseas son síntoma de que algo se abre camino dentro de sus barrigas y cuando su ombligo decide independizarse y salirse hacia afuera ellas lo miran entre contentas e impresionadas: algo grande está a punto de pasar.

Las madres son protagonistas de los trimestres, que avanzan en forma de semanas. Van a las ecografías y las untan con geles, les ceden el asiento en los autobuses y todos se solidarizan con lo difícil que es no comer jamón serrano o beber alcoho, durante cuarenta fines de semana, con sus cumpleaños, despedidas de soltero y fiestas de guardar.

Sin embargo, pocos somos los que pensamos en la soledad de ese bebé dentro de la barriga. Me pregunto si sabrá dónde está y si la primera vez que escucha el sonido del corazón de esa mujer que se unta crema para estrías como una loca, sabe que cada latido está lleno de amor para él.

Me imagino cómo se hace grande, un poco cada día, y el espacio empieza a escasear. Cómo nota algunas veces unas cosas que le tocan desde fuera, que son las manos de ese padre que espera ilusionado poder ver la cara de su bebé. A veces, las manos acarician; otras veces tienen la precisión de un médico empeñado en medir el pliegue nucal.

Algunas veces se da cuenta de que hay mensajes que vienen del exterior y que se repiten. Reconoce una música pegadiza y aguda que siempre se interrumpe en el mejor momento, cuando esa voz femenina dice “diga?”. A ratos nada se  mueve y él se entretiene dando volteretas; a ratos todo se agita y se balancea pero por suerte es sólo una carrera para no perder el autobús.

Un día, que todavía está por llegar, dejará de preguntarse qué es lo que pasa ahí fuera para empujar con la cabeza, las manos, los hombros y salir a descubrirlo por sí mismo. Y entonces los verá por primera vez: la cara de su padre, que era el que le acariciaba con dulzura y le leía párrafos de libros de Chuck Palahniuk; verá la cara del médico que durante tantos meses se aseguró que todo saliera bien y sobre todo sentirá como rasga muchas capas de piel de su madre, incluída el alma, para poder por fin correr juntos y no perder el tren de la vida.

A Lidia, Sabela y Jaime. La tía Miri os espera.

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1 Comentario

  1. ¡Qué suerte van a tener estos tres bebés con su tía! El texto es precioso :)

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