Sentir: soledad

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Últimamente he pensado mucho sobre la amistad.

He intentado encontrar qué define una relación de amistad verdadera y para eso me he fijado en mis propias relaciones con mis amigos de siempre. Amigos que yo llamo históricos, porque han pasado ha formar parte de la historia de mi vida, y aunque un día dejaran de estar en mi presente, sería imposible contar quién soy yo sin referirme a ellos en varios puntos de los importantes.

Hace unos meses, fui a tomar un café a un Costa y la chica que me atendió era española. Cuando me encuentro con un compatriota casi siempre se produce la misma conversación: eres española / si / hala yo también / no me digas, de dónde / yo soy asturiana y tu / como te van aqui las cosas / cuando tiempo llevas aquí / te deseo lo mejor, mucha suerte y mucho ánimo / (fin).

Concidió que la conocí cuando yo estaba dándole vueltas al tema de la amistad y a cómo me está costando hacer amigos (amigos reales, no conocidos de oficina) desde que vivo aquí. Los británicos son muy agradables, educados y muy polite; pero hay una especie de muro invisible que no puedo traspasar con ellos. No terminan de abrirse, no te dicen lo que de verdad piensan y lo que es más importante; yo nunca sé qué es lo que de verdad quieren.

Así que me armé de valor, dí un paso adelante y le pregunté a la chica de Costa si estaba sola en Edimburgo o había venido con alguien. Me contó que estaba sola y que llevaba apenas unos meses aquí, todavía intentando encontrar su sitio. Yo le apunté mi teléfono en un papel y le dije que si algún día le apetecía hablar con alguien, que me llamara y que podíamos ir a tomar un café.

Planté una semilla para hacer una amiga aquí, esta vez española.

La semilla creció y un día la chica me mandó un mensaje. Quedamos para tomar un café y estuvimos un par de horas charlando. Me contó cómo acabó en Edimburgo, cómo era trabajar para Costa, cómo echaba de menos su pueblo en España. No teníamos mucho en común pero ella era una chica agradable. Aunque el muro seguía estando ahí, invisible pero infranqueable.

Nos despedimos delante del café y yo ya sabía que no iba a verla nunca más. A las dos o tres semanas me envió otro mensaje y yo no respondí; ella lo entendió y nunca más supimos la una de la otra.

Hace un par de semanas fui a comprar pasta de dientes a Superdrug y la chica que me atendió era también española. Yo no tenía muchas ganas de entrar en la conversación de rigor, pero tampoco quería ser maleducada asi que le conté las cuatro cosas que supongo, me definen como expatriada. Y entonces ella me dió su teléfono.

He estado a punto de enviarle un mensaje para tomar un café varias veces, pero no lo he hecho. Me he dado cuenta de que el muro invisible e infranqueable está en realidad dentro de mi. Después de dos años y medio aquí me he acostumbrado a la soledad de no tener amigos: vivo tranquila, hago lo que me apetece en cada momento y no tengo que hacer ningún esfuerzo. Me siento sola algunas veces, pero es que la soledad es un hueco que no se llena con cualquier persona acompañándote; es como si tuviera nombre y apellidos y sólo ese ser humano de entre todos los millones que vivien en la Tierra pudiera rellenarlo.

Últimamente he estado reflexionando sobre que antes yo no era así. Recuerdo cuando llegué a Madrid en 2006: estaba deseando conocer a todo el mundo y quería hablarle a cada pasajero de metro que me encontraba en mis idas y venidas. ¿Qué habrá cambiado?

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8 Comentarios

  1. Lo cierto es que si que es raro en tí, pero las personas vamos cambiando, quiero decir, no eres menos Miri o peor amiga / persona porque en este momento no te apetezca llamar a esa chica o hacer nuevas amistades. Yo creo que la edad y el estilo de vida también influye mucho. A mi sinceramente, hacer nuevas amistades me da pereza, suena egoísta, lo sé, podéis decirmelo…pero es que las últimas veces que lo he intentado me ha salido rana. En el fondo siento que no se si gente nueva es merecedora de saber ciertas cosas de mí, porque para eso ya tengo a mis VIP y me da la sensación de que no me comprenden. Y luego que hay gente joven que lleva otro estilo de vida distinto, la gente de mi edad suele salir los sábados por la noche, a tomar copas o cervezas y aunque no me importa salir muy de vez en cuando, no es lo que me apetece a mi normalmente. Cierto es que con mi trabajo no tengo los fines de semana libres, pero el que descanso me gusta hacer otras cosas, aunque sean planes menos molones: desde quedarme en casa viendo una buena peli, disfrutando de un libro, charlando, hasta hacer la compra, pasear, incluso si se puede hacer una escapada, eso en invierno, ya en verano se buscan planes más de exterior como playa, piscina o terraceo. Ahora me apetece más la tranquilidad y el descanso en el tiempo libre. Lo que realmente echo de menos es hablar de mis preocupaciones, satisfacciones, deseos y anhelos con mi mejor amiga. A veces pienso en descolgar el télefono y poder hablarla…pero la distancia y las vidas con trabajo no me lo permiten.
    Bonita reflexión la del post, pienso en el fondo que las amistades tampoco hay que forzarlas…igual en otra ocasión se da o te apetece más. La soledad también tiene cosas buenas, y para mí es muy importante conocerse y aceptarse a uno en momentos de soledad.

    • Mirichan

      Gracias por el comentario. Tienes mucha razón cuando dices que no estar intentando hacer amigos en plan proactivo no me hace menos yo (o peor amiga!) No sé muy bien por qué pero a veces siento que si no tienes chorrocientos amigos con los que quedar y hacer veinte planes, es que algo está mal. Y no, no hay nada malo en disfrutar de una misma, de un libro de una siesta… Supongo que he descubierto que yo también puedo ser mi amiga ¡y pasármelo pipa cocinando budín de pan yo sola!

      Me ha gustado lo de tus VIP! :-) Un abrazo!

  2. Bonito post; Mirichan 100% :)

    Yo estoy como tu; creo que las personas pasamos por etapas y una de ellas es esta. No es que sea mejor ni peor pero si que hasta que no te das cuenta de que no es malo, cuesta. Al menos a mi me costó; me preguntaba el por que o si quizás hacia algo mal con los demás pero finalmente llegué a la conclusión de que las cosas no se pueden forzar.

    • Mirichan

      Anna, confieso que cuando escribí el post me daba un poco de miedo que todos pensaran que me estoy convirtiendo en una antisocial o ermitaña, pero lo publiqué igual porque… bueno, si es así, esa también soy yo! :-)
      A lo mejor es que tenemos un cupo de amigos y yo ya lo tengo lleno o a lo mejor es que es la etapa de mirar más hacia dentro que hacia fuera… who knows! :-)

  3. Voy a decir aquello tan manido de… los años pasan. Pero es que, ¡es verdad! Los años pasan y nos afectan irremediablemente y en el aspecto de hacer amistades, querer estar cómodamente en un grupo, etc, creo que se nota muchísimo. Al menos en mi caso también ha sido así. Y considero que no pasa nada. Si uno nota que la falta algo o que le duele esa soledad, obviamente tendrá que poner de su parte para cambiarlo, pero nunca forzarlo, especialmente al revés.

    Creo que somos muchos los que, pasada cierta edad, con una vida estable (pareja, trabajo, whatever), nos centramos en mirar hacia dentro y no tanto en mirar hacia fuera. Y eso no tiene por qué ser malo.

  4. Me ha gustado mucho tu reflexión de hoy, muchísimo :)
    Y como ya te han dicho por aquí arriba, no creo que no querer mandar un mensaje te haga peor persona, o mala amiga.. Todo lo contrario. Para mi vales más como persona, porque no hay nada que me espante más que la gente que no sabe estar sola. Creo que ahora que estás cómoda contigo, con tus cosas y con tus aficiones no necesitas tanto de ese acompañamiento social que nos ofrecen las nuevas personas que se nos acercan.
    Yo siempre he sido lo que suele decirse una antisocial. Ermitaña también le dicen. Y no he tenido ningún problema con ello. :)
    De toda la vida me ha dado una pereza infinita hacer amistades nuevas. Las que se han ido uniendo a mi vida, ha sido del colegio, o del trabajo, o bien de compartir alguna actividad (libros, yoga, pintura… ) la amistad ha ido de forma paulatina entre la primera vez que nos vemos hasta que terminamos compartiendo un café.
    Tengo grandes amigos, a los que aprecio de veras, pero la verdad es que paso muchísimo tiempo sola (ahora menos, Emma me acompaña día y noche ;)) Siempre he disfrutado mucho de este tiempo. Hubo alguien una vez que me dijo que yo tenía demasiadas inquietudes y muy pocas ganas de compartirlas, y puede ser verdad. Tampoco logró que me sintiera culpable al asumirlo.

  5. Muy cierto eso de que la soledad es un hueco que no se llena con cualquier persona acompañándote. A veces es mejor estar sola que con ciertas compañías que no te aportan nada más que ruido…
    ¡Besotes!

  6. es curioso, tiendo a estar sola por elección propia, pero en el fondo agradezco a las personas que me han insistido para entablar una amistad aunque les contestara tarde, mal y nunca, me han endulzado la vida sin que me diera cuenta en estos casi 10 años de expatriación!

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