Siete cambios

Tres de cada cuatro semanas estoy en Berlín o Ámsterdam y me he acostumbrado a coger entre 12 y 15 vuelos al mes. Al principio era agotador y aunque ahora me sigo cansando, me sorprende mucho ver cómo mi cuerpo se ha ido acostumbrando y tolera mejor vivir entre tres países.

El otro día hice una lista de las siete cosas primordiales que demuestran cómo mi capacidad de adaptación ha ido poco a poco convirtiendo esta experiencia en rutina. Por cierto, la lista la hice en un avión, como quien no quiere la cosa.

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1. Tardo aproximadamente diez minutos en hacer la maleta para una semana y ya nunca la deshago del todo el fin de semana, porque hay cosas que “viven” en mi maleta. Mis básicos son un vestido, unos vaqueros, un pantalón de trabajar, una blusa y un jersey; además de la ropa interior etc.

2. Los buffet libre de desayuno del hotel han dejado de ser interesantes y desayuno todos los días lo mismo: avena con leche y un café o una tostada con rodajas de tomate y un café. La parte del buffet donde está la bollería o los desayunos calientes no la piso nunca; y es que esos desayunos que parecen cenas de Navidad están muy bien cuando no tienes que estar en la oficina toda la mañana con reuniones.

Algo relacionado con el buffet y los desayunos es que todas las mañanas me llevo una fruta para tomar a media mañana en la oficina. Al principio lo hacía en plan súper discreto “no sea que me digan algo por coger una manzana”; pero después de las tres o cuatro primeras veces, me di cuenta de que es bastante ridículo y que nadie en el hotel va a immutarse por verme salir con una pieza de fruta.

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3. Cenar sola no es un problema. Cuando empecé con este ritmo de trabajo, me daba un poco de vergüenza cenar sola. Normalmente salgo de trabajar a las mil y voy directamente a cualquier restaurante a medio camino entre la oficina y el hotel. A veces, cuando llego al lugar en cuestión y pido una mesa, los camareros me preguntan eso de “para ti sola”? o “sólo para uno”? Confieso que me sentaba un poco regular ese tipo de preguntitas con rintintín, pero ahora no sólo no me importa sino que he empezado a hacer bromas: “para mi sola a no ser que quieras unirte a la fiesta”, “Beyoncé iba a venir pero al final no pudo ser” y la mejor de todas “¡para mi sola porque yo lo valgo!”.

Es un poco aburrido cenar en un sitio público sin tener a nadie con quien hablar y aunque al principio me dedicaba a observar a las personas en las otras mesas, ahora veo alguna serie en Netflix en mi teléfono móvil con los auriculares puestos.

4. Cuando vuelvo a casa, me siento un poco extraña y no termino de encontrar mi lugar. Un detalle que me parece la repera limonera es que al principio, tenía insomnio en los hoteles porque echaba de menos mi cama, mi casa, mi habitación, etc. Seis meses después tengo insomnio en casa, porque echo de menos esa atmósfera medio antiséptica e impersonal de los hoteles… por no hablar de que ¡me estoy acostumbrando a dormir sola!

5. También cuando estoy en casa, me agobia un poco la cantidad de ropa y de cosas que tengo en el armario. Me estoy acostumbrando a viajar una maleta con cuatro cosas contadas (ver punto 1) y cuando estoy en casa el fin de semana, hay tantas prendas y objetos en mi armario que me entra una sensación de agobio y quiero correr a la maleta para ponerme lo que tengo en ella.

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6. Yo era una de esas personas con una sensibilidad estomacal increíble a los despegues y aterrizajes en los aviones. Últimamente cada vez me sucede menos que el estómago se me da la vuelta y cuando el avión está subiendo en picado. Antes me dolían los oídos con el cambio de presión pero ahora lo llevo mucho mejor. Supongo que la parte física de volar se ha ido convirtiendo en una rutina aburrida para mis sentidos; algo que agradezco porque la sensación de parque de atracciones no era la mejor forma de empezar el día…

7. (última, pero no por eso menos importante). Cuando tengo vacaciones, no quiero viajar (¡con lo que yo he sido!). Quiero quedarme en casa, dormir la siesta, salir a pasear y ver videos de youtube de gente lo más aburrida posible. Y que cuando mis compañeros me pregunten qué tal las vacaciones, responderles “no he hecho nada, he estado en casa en pijama durante toda la semana”. Lamentablemente eso no es posible porque Arol me mataría si le obligo a quedarse en Edimburgo pero… ¡todo se andará!

BONUS TRACK: 8. La gente ya ha dejado de preguntarme dónde estoy. Los primeros meses recibía aluviones de mensajes con preguntas del tipo “¿y dónde estás esta semana?” “¿en qué hotel te quedas?” “¿cuántos días vas a estar ahí?” Ahora lo normal es que esté viajando y todos a mi alrededor se han acostumbrado a que yo no esté en Edimburgo y han dejado de preguntar sobre mi paradero :-)

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1 Comentario

  1. where in the world is mirichan sandiego? ;D

    esa sensación de volver a casa y que te sobre todo nos pasó después de la aventura chilena… cómo vivíamos con poco? por qué no podemos seguir así?

    y en esas estamos ^^u

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