Los expertos lo llaman “onicofagia” y es un hábito terrible que consiste en mordisquear las uñas de las manos. La mayoría de las veces sucede sin que la persona se dé cuenta: ante una situación de nerviosismo, estrés o simplemente de aburrimiento es fácil sorprenderte a ti mismo con una uña entre los dientes y muchas veces, el desastre ya ha tenido lugar y es irremediable.

Durante la mayor parte de mi vida yo me mordí las uñas. No importa el daño que me hiciera o las veces que intentara dejar esta costumbre: mis dedos siempre eran víctimas de mis dientes. Morderse las uñas no es sólo un problema estético, sino que permite que los gérmenes que están en nuestras manos pasen a nuestra boca, por no mencionar los problemas en los dientes y la mordida. A mí me daba mucha vergüenza estar en una reunión y mostrar las manos (por ejemplo para señalar un papel o alguna cosa) y más de una vez mordí demasiado  terminé con un dedo dolorido durante un par de días.

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Hace unos cuantos meses volví a intentarlo, por enésima vez y está funcionando bien. Estos son los cuatro trucos imprescindibles que yo he utilizado para dejar de morderme las uñas:

1. Siempre arregladas y cuidadas: a mi me sucede que si me veo las manos bonitas, no quiero estropearlas. Así que durante estos meses he dedicado un poco de tiempo (casi siempre cada domingo por la noche) para limarlas, pintarlas y ponerme crema en las manos. Al principio casi no tenía uña que pintar, pero poco a poco he ido viendo como crecían y también he aprendido a pintarlas mejor.

2. Se lo conté a todo el mundo. El apoyo social es fundamental para casi todas las cosas importantes de la vida, así que publiqué a los cuatro vientos que estaba intentando que mis uñas crecieran naturalmente. Y cuando haces a la gente partícipe de tus dificultades, se vuelcan: mi mejor amiga vino al rescate y me regaló unos esmaltes y aceites reparadores. Otra amiga de Edimburgo me llevó a hacerme mi primera manicura de shellac. Mis compañeras de trabajo me miran las manos y comentan lo bonitas que están o lo bien que queda tal o cual color de esmalte.

3. Me he ido haciendo fotos de las manos. Cuando llevas años y años con unas manos llenas de uñas mordidas, tú lo ves “normal”. Te acostumbras a tus manos. Así que yo empecé a hacerme fotos y a mirar esas manos de las fotos como si no fueran mías. ¿qué pensaría yo de unas manos así? ¿es chachi o no es chachi comparar el antes y el después?

4. No he escatimado en cuidados. Desde esmaltes en colores que a mí me gustan a manicuras; mis manos tienen un pequeño presupuesto mensual que se lo dedico para que estén bonitas.

Ayer me miré las manos y me puse muy contenta porque si yo no te lo digo, parecen las manos de una persona normal; alguien que no tenía este hábito tan feo. Pero no bajo la guardia: sé que en el momento menos pensado y sobre todo si las llevo desarregladas, el hábito puede volver. ¡Me voy a pintarme las uñas! :-)

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