Solo una sopa

Cuando tuve que ser durante un tiempo responsable de compras en una multinacional, me pareció increíble el número de comerciales de distintas empresas que me invitaban a comer. Quiero presentarte una propuesta, por qué no quedamos a comer. Vamos a negociar precios, quedamos a comer. Quiero enseñarte un producto nuevo, quedamos a comer. Es Navidad y te traigo el resumen de consumo anual, quedamos a comer. Desde el principio tuve claro que esas comidas (casi siempre en sitios de caché) olían bastante a “como te he invitado a comer no me puedes decir que no a la subida del 2% que te voy a presentar” así que siempre decliné amablemente y sugerí que nos viéramos en nuestras oficinas, porque además asi pueden conocer a otras personas del equipo / presenciar de primera mano cómo utilizamos sus productos para conseguir nuestras metas estratégicas / entender mejor nuestras necesidades como clientes / que no quiero ir a comer contigo y punto.

En mi actual puesto de trabajo, las comidas que surgen de cuando en cuando tienen más que ver con celebraciones o con equipos que vienen a pasar unos días con nosotros desde otras oficinas esparcidas por el mundo. Hace unos días se trató exactamente de eso: vienen los de Gales, vamos a comer.

Y vuestra Mirichán en medio del Proyecto Mirmeco.

Lo único que se me ocurrió hacer fue estudiarme de memoria el menú del sitio al que íbamos. Normalmente, mandamos por correo los platos que vamos a pedir, para que así sea más fácil para el restaurante tenerlo todo listo y no tardemos tres horas entre que nos atienden, comemos y pagamos. Mis compañeros empezaron a pedir hamburguesa de todo con doble de queso, wrap de mil cosas con mayonesa de pitiflú y queso derretido con macarrones escondidos.

Y yo, con un par de triglicéridos, mandé mi correo diciendo que quería la sopa de verduras. Se hizo el silencio, una bola de paja del lejano oeste pasó por encima de mi escritorio y entonces la organizadora me contestó: ¿sólo una sopa?

No, no sólo una sopa.

Una sopa y diez kilos menos. Una sopa y un vestido para la fiesta de quince de Nayla. Una sopa y poder subir el mismísimo Ben Nevis el año que viene. UNA SOPA Y UNA ESPERANZA DE VIDA DE NOVENTA AÑOS.

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(Foto realizada en un museo de Berlín)

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