Subiendo el Monte del Destino

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Una vez alguien me dijo que el ejercicio físico siempre es bueno. Si estás delgado, es bueno. Pero si tienes sobrepeso también es bueno. Supongo que es tan sencillo como entender que hacer deporte es siempre mejor que no hacerlo, da igual cuál sea la condición física de partida.

Hace unos meses que decidí utilizar parte de mi dinero (sí, ese que antes malgastaba comprando cosas que probablemente no necesito) en pagar el tiempo de un entrenador personal. La vida es muchas veces increíble y te pone delante las respuestas a tus preguntas. A mí me puso a Mario; un entrenador personal español (para más inri de la meua terreta) que vive en Edimburgo.

La primera sesión fue para probar. Hablamos un poco sobre mis objetivos y mi vida y él me contó algunas cosas sobre la actividad física y sobre cómo funciona el cuerpo humano. Luego hicimos una hora de ejercicio: pulls y pushes, el trabajo de piernas, el core, el hit al final de la sesión…

Las agujetas que tuve al día siguiente fueron épicas. No épicas en plan soy Sancho Panza y voy sobre mi burro acompañando al cabra loca del Quijote. Épicas en plan soy Sam Sagaz y dice Frodo que hay que escalar el puto monte del destino, yo, que nunca he salido de la Comarca.

Empezamos a vernos una vez por semana. Y durante estas diez semanas, poco a poco voy mejorando. Ya tengo “bola” cuando hago fuerza doblando los codos. También puedo hacer flexiones y lo mejor de todo, puedo con ocho kilos en cada brazo en el banco de hacer pecho. Cada día hacemos cosas nuevas y algunas veces ha sido memorable: un día nos pasamos la hora entera jugando con un globo. Fue agotador pero me lo pasé pipa. Y es que cuando estoy con Mario no hay teléfonos móviles, no pienso en mi trabajo ni en las cosas que me rondan la cabeza y nadie me puede molestar porque estoy completamente entregada.

Nuestras conversaciones también han ido descubriendo nuevos horizontes y para mi sorpresa, Mario es una persona realmente inteligente. Lo suficientemente listo para querer hacer un doctorado pero también lo bastante espabilado para no trabajar gratis o dedicarse a perder el tiempo mientras tanto. Hemos hablado sobre política (española y británica), sobre alimentación (vegetariana y omnívora), sobre sus sueños, sobre los míos. Es un poco raro mantener una conversación a intervalos durante los que cuentas hasta quince y luego vuelves a retomar el tema. Me recuerda un poco a mis charlas increíbles en el sillón del dentista, callándome durante los ratos que tenía una mano extraña en la boca para luego seguir charlando tan tranquilamente.

Lo único que me fastidia es que a veces no puedo seguir la conversación porque me falta el aire. Supongo que a Sam Sagaz también le pasaba cuando intentaba hablar con Frodo y no despeñarse en Minas Tirith.

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1 Comentario

  1. Samwise Gamgee vivió para contarlo x)

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