Motivar: Thomas cree en mí

Nunca me gustaron los deportes y como nunca me gustaron, no les he dedicado demasiado tiempo en mi vida. Siguiendo el trazo de un círculo vicioso, al no haberles dedicado tiempo en mi vida, resulta que se me dan fatal; y a nadie le gusta hacer cosas en las que es torpe. Con lo cual, les dedico menos tiempo todavía, cada vez tengo menos destreza, me gustan menos y sigue hasta el infinito y más allá.

Hace cosa de un año, decidí ir a una nutricionista para que me echara una mano con las recomendaciones para una persona que no incluye en su dieta carne, pescado ni lácteos. Lucía, profesional como es ella, me pautó un suplemento de vitamina B12 y unas recomendaciones llenas de cosas riquísimas, como legumbres, coles de bruselas, leche de almendras, cereales y muchos alimentos más. Me contó que sería recomendable perder un poco de peso y que es necesario incluir el ejercicio en nuestro estilo de vida para asegurarnos de que estamos sanos como manzanas golden en temporada.

Ejercicio. Eso que no me gusta y que se me da mal. Ese sufrimiento que duele. Mi primer pensamiento fue “yo no voy a poder ser constante con la actividad física”.

Después de intentarlo por mí misma y darme cuenta que necesitaba un poco de motivación externa, decidí apuntarme a un gimnasio que está cerca de nuestra casa. Y conocí a Thomas.

Cuando llegué al gimnasio ahí estaba él, un atleta olímpico con una sonrisa que no es que gane medallas, es que se lleva el cielo. Le expliqué la situación: Mirichán, 33 años, sin hacer deporte desde los 12, torpe y fácil para cansarse de las cosas. Yo creo que esto no es para mí, que yo no puedo con esto.

Thomas me miró, me sonrió y con toda la confianza de atleta olímpico me dijo: “yo sé que tú puedes; por supuesto que puedes Mirichán”.

Me apunté a dos clases: boxing fit con Steven y dancing fit con Paul.

Steven quiere que saque a la pequeña Rocky que hay en mí. Sus clases son agotadoras y estoy abrumada con la cantidad de puñetazos diferentes que se pueden dar en la vida. Uppercuts, power punch, jabs, hooks… (esta es una de esas situaciones donde estoy aprendiendo vocabulario en inglés que no se traducir a español porque desconozco ese vocabulario en castellano!) Después de la primera clase no pude caminar durante dos días y quería llorar cada vez que tenía que sentarme a hacer pis. En la tercera clase encontré a Rocky y metí los puñetazos más fuertes de mi vida: el truco es pensar en tu enemigo acérrimo. A veces estoy poniéndome los guantes y empiezo a pensar en aquella vez que se me colgó el ordenador y tuve que volver a empezar un análisis de millones de números que ya casi había terminado; o en la vez que se me retrasó el vuelo; o en aquel día que pisé un charco y se me llenó el zapato de agua que debía ser agua de Siberia de lo fría que estaba. Para dar puñetazos y rodillazos, hay que tener un enemigo. Búscalo y enséñale que tú si puedes.

Paul fue bailarín del West End de Londres y trabajó bailando por todo el mundo. Es ese típico hombre que ves caminar y piensas “ese señor es bailarín de ballet o de algo, porque no se puede caminar con tanta armonía sin haber dedicado miles de horas a la danza”. Sus clases son menos agotadoras que las de Steven pero duran más tiempo, así que acabo cansadísima igual. Las dos primeras clases me las pasé perdiéndome cada dos pasos y volviendome a encontrar, hasta que me dí cuenta de que para honrar a Paul, a la danza y a mi falta de armonía… tengo que buscar a Beyoncé. ¿Que me pierdo? Pues improviso unos pasos y unos giros y parece que el resto de la clase es mi ballet de soporte y yo soy la estrella de la función, la que hace cosas diferentes… hasta que soy capaz de reengancharme. A veces veo a Paul mirarme y reir porque todos van a la derecha y yo he salido disparada a la izquierda, pero creo que él entiende que no soy yo, es la Beyoncé que tengo dentro.

Después de cada clase, ahí estaba Thomas, preguntándome cómo había ido todo. Le he contado mis agujetas, mis puñezatos, mis intentos de twist y que me salga merengue porque mis caderas se mueven sin ningún tipo de control. Y Thomas se ha reído conmigo y me ha dicho “ya sabía yo que tú podías” y “enhorabuena Mirichán, ya son dos meses en nuestro gimnasio, ya has pasado por el dolor de las agujetas y los miedos del primer mes y sigues aquí”.

Que un atleta olímpico te diga esas cosas cuenta. Y que te las digan Rocky y Beyoncé… cuenta más.

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1 Comentario

  1. Tú eres quien más tiene que creer en ti… ;)
    ¡Besotes!

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