Treinta días sin comprar nada

Cuando empecé la aventura de no comprar nada, un mes me parecía un montón de tiempo. Sin embargo, el tiempo siempre pasa y lo que hagamos con él es cosa nuestra: aquí estamos, treinta días después, escribiendo el último resumen del reto que me ha puesto a prueba durante el mes de Julio.

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Por qué decidí hacer esto

Desde hace unos años me esfuerzo por ser una persona minimalista porque cuando tengo muchas cosas, experimento una sensación de pérdida de libertad que me resulta desagradable.

Las cosas me “atan”: comprometen mi tiempo para hacer lo que me dé la gana, ya que tengo que limpiarlas, arreglarlas, ordenarlas. Hacen que la acción futura de marcharme a otro lugar sea más difícil de lo que a mí me gustaría. Incluso podríamos decir que actúan como una distracción, impidiendo enfocar mis pensamientos en lo que de verdad importa.

Lo primero que haces cuando decides ser más minimalista es cribar las cosas que tienes y conservar solo aquellas cosas que verdaderamente necesitas.

Durante casi tres años yo he mantenido una reduccion constante alrededor de todo lo que poseo. He donado y regalado más de trescientos libros, dvds y cds. He simplificado mi armario de ropa y zapatos a menos de la mitad de lo que era. He retirado de mi casa todos los muebles y las decoraciones que eran absolutamente superfluas y sólo aportaban diez minutos más de tareas domésticas limpiando el polvo cada semana.

Un día me dí cuenta de que para poder terminar con el proceso de cribar, necesitaba dejar de comprar cosas. O en otras palabras: qué importa que done mis libros si a las dos semanas voy a Ikea y me compro dos portavelas y un jarrón?

Por qué durante un mes

Cuando estaba diseñando este experimento pensé que mi vida se organiza en meses (cobro mi trabajo mensualmente, mis hormonas siguen ciclos mensuales, dono dinero a ONGs una vez al mes, leo un libro al mes…) así que pensé que un mes me daría una buena impresión del impacto que no comprar nada tendría sobre mi vida.

Qué has aprendido

Lo más importante que he aprendido es que puedo vivir perfectamente sin comprar nada. Tengo todo lo que necesito (y más) en casa y no necesito comprar objetos nuevos, igual que no necesito tirarme en paracaídas, hacerme un tatuaje o jugar al golf. Todas ellas son actividades que para algunas personas pueden resultar placenteras, pero yo no necesito hacerlas.

También me he dado cuenta del impacto que el marketing y la industria tienen sobre mí. Los carteles de rebajas en zara home, el precio tachado con otro precio escrito debajo en las etiquetas de urban outfitters y el cambio de temporada en anthropologie estuvieron a punto de conseguir que mandara al carajo el experimento, a pesar de que yo sabía que no necesitaba ninguna de esas cosas y que en unos meses estaría donándolas con toda probabilidad.

Por último, me quedo con dos de los principios que aprendí leyendo un montón de webs minimalistas durante este mes:

–          Si tienes menos cosas, es más fácil saber donde las tienes.

–          No eres lo que tienes.

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Y ahora qué

Me atrevo a escribir que este experimento ha sido un éxito. No sólamente porque he conseguido lo que me proponía, pero también porque he interiorizado una nueva forma de entender el proceso de comprar algo. Me gusta esta nueva sensación de libertad que no viene de tirar cosas si no de sentir que yo no necesito nada de lo que venden las tiendas.

Me gustaría seguir sin comprar nada nunca más, aunque soy consciente de que en la práctica eso es imposible, ya que mi ropa se gastará, mis zapatos se romperán y es siempre posible que mis necesidades cambien. Sin embargo, quiero mantener el foco así que al final de cada mes escribiré un post contandote las cosas que he comprado.

Por otro lado, me ha gustado mucho la experiencia de salir de mi zona de confort y de dejar de vivir en modo “piloto automático” y por eso he decidido que en Agosto empezaré otro reto diferente: stay tuned for the next episode.

AHORA: puedes leer sobre el experimento de no comprar nada y también los resúmenes de la primera, segunda y tercera semanas.

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1 Comentario

  1. Deirdre

    Me parece muy interesante lo que has hecho. Yo no tendría la moral de llevarlo a término. :P Mi primer contacto con el minimalismo se produjo cuando me quedé en paro en Barcelona y tenía que decidir si me venía a UK o no. De repente, dejar todas mis cosas atrás, mis muebles, mi piso (de alquiler), mi gato, era demasiado. El gato en principio se iba a venir, claro, pero lo demás iba a desaparecer. Fue entonces cuando busqué estrategias en internet (bendito Google) y descubrí que el problema es que estaba apegada a mis posesiones. Tengo que decir que deshacerme de casi todas mis cosas fue muy estresante y a la vez muy liberador.
    Me he pasado años y años compartiendo piso y teniendo sólo las “posesiones” que quepan en una habitación, pero ahora que vivo sola tengo más cosas, evidentemente. Aún me lo pienso antes de comprar algo (vale, excepto si son tontadas del Capitán América), pero no me considero minimalista. La diferencia ahora es que siempre tengo en mente que lo que no use o disfrute regularmente se va a la bolsa para la charity. Y ya no me siento tan apegada a nada. Así que si tuviera que mudarme otra vez, me daría rabia deshacerme de cosas, pero ya no me estresaría tanto.
    Enhorabuena por superar tu reto y ánimo con tu minimalismo, que no es fácil. :***

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