Tres cosas que dejé de hacer y no sé muy bien por qué.

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El ritual de escritura

Hace unas semanas tenía una conversación con mi más mejor amiga.

Inciso: algunas veces me parece que no doy suficientemente las gracias por tenerla en mi vida. Sí, nos hacemos regalos, nos damos ánimos cuando la otra está pasando por momentos no tan buenos o nos recordamos lo increíbles que somos. Pero es como cuando encuentras al amor de tu vida y no te puedes creer que entre tantas personas, hayas sido capaz de dar con tu alma gemela. Encontrar a una hermana de distinta madre es igualmente difícil y creo que no tiene ni la mitad de reconocimiento y hype mundial y que deberíamos de tener un San Valentín de la amistad. Como en Argentina, que tienen el día del amigo el 20 de Julio – necesitamos exportar esa tradición a España cuanto antes.

Era una conversación más bien profunda, donde hablábamos de la vida y de las cosas que a veces suceden y cómo sentimos que tenemos que aprender de todo pero a veces tanto aprendizaje no hace más que liarla parda y lo único que realmente tenemos que hacer es dejar de darle vueltas y sacar un cinco cuanto antes para salir de casa y refrescar.

Y entonces ella me recordó cuantísimo yo escribía antes. No sólamente éste o áquel blog, pero también cartas, cuadernos, libros de sueños, relatos y qué se yo. Fue un poco como cuando te das cuenta de que tienes la bragueta bajada y te la subes inmediatamente, sintiéndote mucho mejor aunque consciente de que tus mejillas se han sonrojado.

He estado demasiado ocupada para escribir y yo no soy de venir con excusas y tonterías. Me he dedicado a la vida de anestesia fácil, viendo capítulo tras capítulo de series que probablemente no me aportaban mucho; pulsando el play en canales de youtube de dudoso interés; jugando al solitario en el móvil en esas dos horas y media de paz que separan Edimburgo de Berlín.

Lo bueno es que en cuanto empiezas no puedes parar, quieres más de esa diversión que es jugar con el lenguaje y pocas cosas se me ocurren que superen a la claridad que adquieren tus pensamientos cuando los ves aquí, en negro sobre blanco. Quiero volver a escribir porque sinceramente si algún día gano el premio Princesa de Asturias, tiene que ser de letras – y este es un sueño al que preferiría no renunciar.

El método de las dos listas

A pesar de que sé que es tremendamente útil, que ahorra costes, asegura un aprovechamiento máximo de la comida y una atención plena y consciente en qué, cómo y cuándo comemos en esta casa; en el último trimestre de 2017 también abandoné el método de las dos libretas para planificar nuestra compra y menús semanales. Creo que fue por un exceso de ambición: cuando vimos lo bien que funcionaba semana en semana decidimos ir a por la gallina de los huevos de oro y planificar para dos semanas cada vez. Craso error: rompimos el fino equilibrio de la vida útil de los alimentos frescos y nos encontramos con sacos de espinacas caducados y excedente de algunas frutas con escasez de leche de soja y otros alimentos de primera necesidad.

Lo bueno es saber dónde falló el mecanismo y echar mano de mis pocos pero sólidos conocimientos de la ingeniería de procesos para volver a implementarlo, esta vez con un factor nuevo: mis continuos viajes a Berlín.

Las salidas a cazar nuevas prendas de ropa

Mucho minimalismo y mucho anticonsumo para intentar vaciar los vertederos de tanta mierda que compramos sin necesitar y acabamos tirando pero qué quieres que te diga: una de las cosas que echo más de menos es cuando mi amiga Cris y yo íbamos por las tiendas de ropa de Madrid a la caza y captura de esa chaqueta que te quedara como un guante o áquel bolso que te vas a poner más que las bragas porque vale para todo y todo le vale. Cuatro años después aquí me tienes en Edimburgo, poniéndome ropa de dudosa calidad que me obliga a renovarla con relativa frecuencia y harta de ponerme las mismas dos cosas cada vez que tengo una cena de trabajo.

No se trata de volverme una fashion victim ni mucho menos, que por algo siempre le repito a mi hermana que ella es el bellezón de la familia y yo soy la inteligencia de nuestro clan, pero me voy a poner las pilas para que la inteligencia se note por lo menos en comprar lo mejor al mejor precio sin sufrir en los probadores o la caja.

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1 Comentario

  1. me gustará leerte si escribes más ^^

    todo lo demás es una reorganización de los recursos, uno tiene que invertir con cabeza en lo que le hace feliz, sin presiones x)

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