Tres cosas que he empezado a hacer y no sé muy bien por qué.

Hace un par de días te contaba tres cosas que he dejado de hacer sin tener motivos y cómo planeo retomarlas. Una cosa lleva a la otra y cuando cliqué en publicar en áquel post, me dí cuenta de que también hay algunas cosas que he empezado a hacer. ¿Vamos? ¡Vamos!

Arreglada pero Informal

Creo que es algo que me acompañó durante toda mi infancia y adolescencia: el desprecio de mi madre por el maquillaje y cualquier persona que desperdiciara más de cinco minutos en arreglarse cada mañana. En su universo de mujer poco presumida hay millones de cosas mucho más interesantes que hacer y así crecí yo: infravalorando el poder de la sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate (y me gustaría aclarar que no me refiero a Mecano, aunque nunca me llamaron mucho la atención igualmente).

Desde hace un tiempo me doy cuenta del poder que tiene sobre mi y sobre los demás dedicar unos minutos a mi imagen personal cada mañana. Cómo usar máscara de pestañas cambia mi mirada y el buen color que tengo con un poco de colorete en las mejillas. Siempre sutil y natural pero ya no me imagino saliendo de casa con la cara lavada como hacía antes.  No descarto que también sea haber dejado los veintitodos atrás y la lucha contra el envejecimiento; aunque a decir verdad las verdaderas razones no son tan importantes como el efecto que esta nueva rutina tiene en mi: este gesto que casi no se nota tiene un impacto no sólo en mi propia confianza pero también en cómo los demás me perciben y hasta en mi subida de sueldo anual, según algunos estudios publicados en la Universidad de Chicago.

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Office politics, venid a mi

Gracias a la diplomacia británica he aprendido que en un entorno laboral se gana mucho más construyendo puentes que quemándolos. No importa lo que de verdad pienses de fulanito o menganito o tu análisis sobre una situación que acaba de suceder: la clave es entender que se gana más con un poco de política que con toda la franqueza del mundo; sobre todo cuando nadie te ha pedido que compartas tus pensamientos sinceros y transparentes, por muy éticos que sean.

Jugando a este juego he conseguido cosas que siempre me parecieron imposibles y es que cuando llegas a ciertos ambientes, tienes que aprender las reglas del tablero o nunca vas a poder ganar la partida.

Sé lo que es el coaching, prepárate a morir.

¿Te acuerdas de aquellos dibujos animados que eran de dos ardillas, Chip y Chop, que eran “los rescatadores”? Yo todavía me sé hasta la canción del principio de cada episodio. Algún efecto debió de tener a nivel cerebral porque me he pasado mucho tiempo intentando rescatar a los demás: mítica situación en la que alguien tiene un problema y tu empiezas a decir ¿por qué no haces esto? ¿y esto otro? ¿y aquello? ¿y lo de más allá? y la persona va descartando una tras otra todas las soluciones que tú propones.

No quiero ni pensar la cantidad de horas y energía que he dedicado a devanarme los sesos pensando qué podría hacer no sé quién para solucionar no sé cuál problema.

Creo que ha sido gracias a dirigir mi propio equipo que he entendido que aportar las soluciones no ayuda a nadie y que el verdadero salvavidas es enseñar a la otra persona a pensar. Te pasa equis cosa, ¿cuál crees tú que sería la solución perfecta para eso que te pasa? Lo malo es que muchas veces te das cuenta que las personas adoran tener problemas y prefieren no solucionarlos para tener algo de lo que quejarse… y que Chip y Chop vengan al rescate. Por suerte y gracias a mi dentista madrileño, yo de ardilla no tengo ni las manchas del lomo.

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1 Comentario

  1. aprendizaje y adaptación, no todo nos gusta a priori, pero si funciona habrá que darle una oportunidad, no? ^^

    yo podría aplicarme con un par de esas tres cosas también… ay, ay, ay…

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