Un mes sin comer pan

Y así, casi sin darme cuenta, pasaron las cuatro semanas sin comer pan. La primera semana creí que no lo iba a poder conseguir porque pasé literalmente mono físico y una ansiosa necesidad por este alimento. Pero poco a poco, me fui concentrando en terminar cada día sin comer pan y enfocándome en lo positivo: cómo estaba aprendiendo a elegir nuevos alimentos, qué liberador era experimentar cada vez menos ganas de comer pan y por último, lo contenta que estoy de haber superado un reto que la verdad sea dicha, me ha supuesto un gran esfuerzo.

Durante la cuarta semana me he dado cuenta de que el pan es un alimento imprescindible en la mesa de muchas personas y que además tiene muchos defensores acérrimos. Sin duda, este reto mensual ha creado gran controversia y todo tipo de reacciones. En algunos momentos me sentí como si estuviera “pecando” contra el dios de los bocadillos y las tostadas, pero por suerte seguí adelante con determinación y una sonrisa. Es sólo pan. No pasa nada.

También fue esta semana cuando hicimos una escapada de fin de semana y normalmente nosotros solemos comer bocadillos o similar a la hora de la comida, para poder aprovechar bien la tarde (en Reino Unido como ya sabes muchos museos cierran a las cinco!) Sin embargo en este viaje los bocadillos no eran una opción así que tuvimos que ser creativos y esto fue lo que comimos:

– Canapés hechos con rodajas de tomate y aguacate por encima

– Frutos secos, aceitunas y fruta

– Ensaladas

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¿Vas a volver a comer pan?

Ahora que me he demostrado a mi misma que efectivamente yo estaba enganchada al pan, no quiero volver a la misma situación. Ahora mismo, no necesito comerlo pero no voy a seguir adelante con la prohibición. Cuando quiera comer pan lo comeré con una sola excepción: no voy a comprar pan para tener en casa.

¿Habrá más retos mensuales?

Más allá del mes sin pan, durante estas cuatro semanas he reflexionado sobre este tema de los retos mensuales y sus diferentes facetas: lo que yo veo no siempre es lo mismo que lo que ves tú. Desde fuera puede parecer que ponerme a mí misma en situaciones incómodas que me causan sufrimiento es una conducta anormal. Sin embargo, retarme a salir de mi zona de confort todos los meses tiene también algunas ventajas:

– me conozco mejor a mí misma y descubro hasta dónde puedo llegar.

– fortalezco mi músculo de “no rendirme”

– aprendo a controlar mejor mis impulsos (por comprar, comer, etc.)

– equilibrio mis prioridades y mi mundo y vivo más en paz: el mundo no va a dejar de girar si dejo de comer pan, porque el pan no es tan crítico en mi vida y por eso pude convivir con la ansiedad de la primera semana, porque sabía que no era eterno.

Así que con tu permiso, los retos mensuales siguen :-)

AHORA: Lee sobre mi reto de no comer pan durante un mes y las actualizaciones que escribí en la primera, la segunda y la tercera semana sin comer pan.

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2 Comentarios

  1. ¡Permiso concedido! Por supuesto que sí, tus retos son inspiradores! Eres una fenómena, a mí tus propuestas me incitan a buscar yo qué me haría salir de la peligrosa zona de confort.

  2. tus retos, o experimentos, están muy bien, sigue haciéndolos!

    yo este verano he descubierto que cuando como pasta (que me encanta) estoy mucho más ansiosa por comer más y más y más! es curioso cómo vamos aprendiendo cosas de nosotros mismos que no sabíamos ni que sucedían o.o

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