Una semana de actos humanos

Creía yo que este reto, que trata de hacer el bien sin mirar a quien, iba a resultarme más fácil que no comer pan o no comprar nada. Pero me equivoqué. Me está costando un riñón y parte del otro tener ideas (una al día como mínimo) y sobre todo, me está costando encontrar el sentido a todo esto de ser generosa y humana cuando a veces contemplo tanto hijoputismo a mi alrededor.

No quiero hacer una lista exhaustiva de las cosas que he hecho porque creo que el altruismo deja de tener significado cuando deja de ser anónimo, pero así en resumen te cuento que durante esta primera semana he sujetado más puertas que en toda mi vida, he limpiado mesas de la cafetería de la oficina, donado 275 euros a una causa solidaria, vigilado niños en los vestuarios del gimnasio y otras pocas cosas que en algunos casos me han hecho sentir un poco mejor persona y en otros, me han hecho darme cuenta de lo desagradecidos que somos en general cuando alguien tiene algún gesto excepcionalmente bueno con nosotros. A lo mejor es porque no estamos acostumbrados a que las personas sean bondadosas sin pedir nada a cambio, o puede que estemos tan ocupados con nuestra propia vida que esos detalles pasan inadvertidos… pero durante esta semana puedo decir que la palabra que menos he escuchado es “gracias”. Casi nadie da las gracias, igual que casi nadie te mira a los ojos. Si fuéramos un Nokia, viviríamos en modo “no me importa”.

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El Colmo del Hijoputismo o la señora del autobús.

El otro día volvía a casa en el autobús. Había más o menos unos seis sitios libres, repartidos en varios lugares del piso de abajo del vehículo: el de mamás con sillas de bebé, el de minusválidos, cuatro de los señalados para ancianos y uno que queda justo delante del todo, casí al lado del conductor. Sin pensarlo mucho porque iba cargada con una mochila más mi bolso, me senté en un asiento de los que llevan la etiqueta para personas mayores.

En la siguiente parada, entró una señora de unos sesenta años. Pasó por mi lado para sentarse en un asiento que había libre detrás de mí y cuando estaba a mi altura, me maldijo por ir sentada en un asiento etiquetado para ancianos.

Yo me levanté inmediatamente y me quedé de pie en medio del autobús. La miré, ella me miró desde su asiento y me dijo “sorry, there are free seats upstairs” (lo siento, hay sitios libres en el piso de arriba) para seguir mirando por la ventana tan tranquila.

Es decir que la señora me hizo levantarme con todos mis bártulos, a pesar de que ella no necesitaba el asiento. Tuve la cabezonería de hacer todo el viaje de pie, acomodando constantemente mi mochila y mi bolso y mirándola a ella y al asiento vacío. Estuve a punto de decirle que su conducta me parecía egoísta, pero decidí que mi gesto generoso del día fuera perdonar su tremenda desfachatez y despotismo. La perdono sobre todo porque me apena lo horrible que debe ser sentir el mundo como lo siente ella.

Yo por mi parte me he dado cuenta de que el mundo necesita muchas más personas buenas que sigan sujetando puertas sin pedir nada a cambio. No puede ser que la tiranía gane en el mundo, no mientras yo viva en él. Así que seguimos con el reto y con la cabezonería, listos para encarar la segunda semana.

Por favor, si tienes alguna idea para hacer un gesto generoso, déjala en los comentarios. Me ayudaría un montón.

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2 Comentarios

  1. ¿Te valen gestos generosos con carácter retroactivo? Para el día en que te falle la inspiración acuérdate de cuando te pedí una búsqueda en Google y la hiciste.
    A veces a las personas mayores les cuesta agacharse a recoger la caquita de sus perros cuando los sacan a pasear y suelen agradecer que se les eche una mano. Ayudar a alguien con el peso de la compra o esperar cuando se acercan por el portal a que lleguen al ascensor es un gran gesto. Avisar cuando a alguien se le ha quedado comida entre los dientes o llevar una compresa en el bolso para sacar de un apuro a alguna amiga suele provocar sonrisas también. El mayor gesto seguramente sea a nivel personal, cuando te toca encajar que tu cortesía con alguien no es valorada… Ánimo :)

  2. se entendería que dijera eso si alguien necesitara el asiento… pero gratuitamente? no tiene por qué!

    a mí me chocó mucho, cuando recién llegué, que tenía gestos que me parecían normales (ceder el asiento, ofrecer ayuda para cargar paquetes, etc) y la gente no solo no los agradecía… algunos me miraban como si les fuera a robar!

    ahora creo que soy un poco más “dura”, pero debo confesar que este tiempo coja siempre me han cedido el asiento y al igual me han reblandecido un poquito ;)

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