Vivir: Fin de semana número 13

Es inevitable que el clima condicione las actividades que hacemos los fines de semana. Este que te vengo a contar ahora ha estado marcado por una lluvia que cayó incansable durante todo el sábado y el domingo.

En Edimburgo no te puedes quedar en casa si hace mal tiempo porque eso significaría que te fastidias el 89% de las veces que quieres salir. (El porcentaje me lo he inventado ahora mismo, pero da una idea bastante clara de cuántas veces los planes se verían cancelados a causa de la metereología).

El sábado me levanté a las diez de la mañana. Es algo raro en mí, que a las siete suelo estar en pie de guerra. En parte a culpa la tiene el cambio de horario y también que después de las vacaciones de semana santa tengo los biorritmos descontrolados.

Desayuné solamente una manzana, purgué mi estante de libros para donar algunos a una charity shop y me arreglé porque a las doce tenía cita en la peluquería. Fui caminando los quince minutos que la separan de mi casa y allí estaba Julie, con su gran sonrisa, cogiendo mi chaqueta y ofreciéndome algo para beber. Siempre pido un té con leche y sin azúcar y ella siempre me pone una galleta que nunca me como pero esta vez sí me comí porque sólo había desayunado una manzana.

42 minutos más tarde salía por la puerta de la peluquería, curiosamente con 42 libras menos en mi bolsillo. Aquí son caras las peluqueras, cobran a una libra el minuto.

Volví caminando a casa y Arol había preparado ya la comida. Fideos de arroz con verduras y quorn.

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Comimos y después hicimos un café en nuestra cafetiére y nos acomodamos en el sofá para ver una peli titulada “Mojave”. Fue una peli algo rara, pero merece la pena verla, sobre todo por lo loco del final.

Salimos de casa y fuimos al Museo The Mound, que es un museo sobre el dinero y la historia económica de Escocia. Íbamos a tiro fijo porque yo quería ver el nuevo billete de cinco libras, que empezará a circular de mano en mano el año que viene. Es curioso porque es un billete de plástico en lugar de papel, con lo que se gasta menos, se puede mojar y es virtualmente irrompible.

Después fuimos al centro a ver un par de tiendas porque necesito una cartera nueva. Ya conté alguna vez que no me gusta nada tener que reemplazar mis cosas de siempre por cosas nuevas y últimamente estoy viviendo un drama porque mi cartera empieza a pelarse. No compré nada porque no encontré ninguna que satisfaga mis necesidades (tema a ampliar en un post futuro… tal vez!)

Últimamente preferimos salir a merendar en lugar de a comer o cenar. Así que fuimos a Hula, una cafetería muy interesante de Grassmarket donde tienen un montón de productos veganos. Tomamos un par de smoothies y un trozo de tarta de batata (boniato) para compartir.

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Después fuimos a una de las librerías más bonitas que he visto jamás, que se llama Armchair Books y curioseamos un rato en las estanterías. Siempre me gusta mirar la sección de guías, porque tienen buenos precios (es todo de segunda mano) y la sección de libros en idiomas extranjeros, por si cazo algo que valga la pena en español o en francés. Esta vez, como con la cartera, no hubo suerte y nos fuimos con las manos vacías.

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Decidimos terminar nuestro sábado volviendo a casa, ya un poco hartos de caminar bajo la lluvia. No hace falta que diga que mi fabuloso pelo peinado por Julie, la sonriente peluquera, duró lo que canta un gallo con este clima.

En casa decidimos hacer una cena mexicana con nachos con guacamole, tacos y quesadillas y vimos una película originaria del país azteca: “Nosotros, los Nobles”. Bastante humorística, parece que es una versión / actualización de una peli de Luis Buñuel del año 1949 titulada “El Gran Calavera”, que a su vez es una adaptación de un libro de Adolfo Torrado.

El domingo me desperté a las 7.30 y estuve leyendo una hora entera antes de desayunar leche con cacao y dos tostadas. Después fuimos a ver a nuestros vecinos y a tomar un té con ellos. Pasamos la mañana socializando y decidimos que iríamos a comer a Greenshoots, que es un café que también sirve comidas sencillas de nuestro barrio. Su dueña, Lynn, nos había avisado de que habían cambiado el menú, así que nos aventuramos para probar las nuevas especialidades. Todo delicioso, como siempre.

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Después fuimos aun supermercado que nos queda lejos de casa a por un par de productos que sólo tienen allí (pepinillos de los grandes, laminados y en vinagre y mostaza!) y luego ya volvimos a casa.

Pasamos la tarde haciendo milanesas argentinas de seitán (gracias a Dimensión Vegana y a Javier Guarascio, el mejor chef difusor del veganismo que he visto nunca), escribiendo, leyendo y pensando en que cuando tienes inquietudes, te importa poco el tiempo que hace o deja de hacer porque el aburrimiento no existe en el diccionario de tu vida.

Posdata: Sé que me ha quedado un post muy largo y con muchas - demasiadas - tantas fotos, pero creéme cuando te digo que de cada párrafo podría escribir un post entero. Cómo no contarte sobre el libro que estoy leyendo o la mejor forma de hacer los nachos (en vez de comer esas fritangas de bolsa a tope de grasas saturadas). Pero es que lo posts se me acumulan, así que tengo que hacer un resumen o esta bitácora mirichanera haría catapúm y sería un colisionador de recuerdones que separa los átomos del tiempo.

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1 Comentario

  1. leerte es pasear contigo ^^ (aunque sea en resumito)

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