Vivir: La niña blanca como la luna

En el año 2011 conocí a mi sobrina Nayla por primera vez. Era una niña de once años y vivía en Argentina, con el resto de la familia de Arol. Es hija del mayor de mis cuñados y en aquel momento, la única sobrina niña que teníamos, ya que el resto eran todo chicos. Cuatro años después tenemos otras dos sobrinas más: Luz y Martina, a las que estoy deseando conocer estas Navidades.

Pero este post es sobre Nayla.

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Nayla es una niña alta, con el pelo castaño oscuro casi negro y los ojos grandes, rasgados y negros también. Es como Pocahontas pero todavía más guapa, porque Nayla tiene la piel blanca como la luna llena. Su alma es tranquila y cariñosa, de esas niñas que te dan un beso al llegar y se sienta a escuchar las conversaciones de los mayores con mucho cuidado de no interrumpir. Su nombre es perfecto para ella: Nayla es una variante de Najla, un nombre de origen árabe que significa “ojos grandes”. Así la recuerdo yo: mirándonos a todos con los ojos fijos en nosotros mientras descifraba el mundo que los adultos dibujábamos con palabras en las charlas de sobremesa.

Cuando Arol y yo nos íbamos, después de una semana con la familia argentina, Nayla vino a hablar conmigo. Es una niña llena de gratitud, algo que es natural en ella. Una de esas almas infantiles que no pide nunca nada y que con cualquier cosa sonríe y disfruta. Pero esa única vez queria pedirme algo.

Tía – me dijo, y es que en nuestra casa argentina yo no soy Mirichán, soy tía, algo a lo que todavía me cuesta acostumbrarme – ¿el tío y vos van a venir a mi fiesta de quince?

Las fiestas de quinceañera son algo grande en América del Sur. Es una especie de segundo bautizo que simboliza el paso de niña a mujer y constituye una especie de presentación en sociedad de la chiquilla. Se alquila un local, se pide cátering y se invita a todo el mundo: una especie de boda pero sin novio, donde la mujer de alguna forma se empodera y se convierte en adulta y merecedora de atención. Su padre baila con ella, le regalan unos tacones, hay una tarta de cumpleaños enorme, y la diversión empieza con la cumpleañera bailando con todos y celebrando el comienzo de una nueva etapa. Los quince.

Cuando Nayla me preguntó si iríamos a su fiesta de quince faltaban cuatro años para que los cumpliera, pero ella ya empezaba a darle vueltas a su fiesta. Nosotros somos los únicos de la familia que vivimos fuera del país, del continente, de la familia y yo soy una especie de tía exótica que habla raro y dice palabras como “coger, ordenador, frigorífico”.

¿Tú quieres que el tío y yo vengamos?” – le contesté a mi sobrina

Si. Yo deseo mucho que puedan venir” – me dijo ella con una sonrisa tímida.

Pues vendremos, Nayla. Si tú quieres invitarnos, aquí estaremos” – le contesté yo, pensando que quién sabe dónde nos llevaría la vida en cuatro años y si ella se acordaría de mi cara en tanto tiempo hasta que nos volviéramos a ver.

Cuatro años pasaron y Arol y yo cambiamos de país. Nayla creció y ahora es cada vez menos niña aunque conserva esa quietud y esa inocencia tan suyas. Sus padres han empezado a organizar la fiesta de quince, porque tiene tantos preparativos como una boda. Y entonces le hicieron una sola pregunta a Nayla: ¿qué querés que te regalemos, hijita? Obviamente una celebración de tales dimensiones exige un regalo del mismo tamaño y hay niñas que piden viajes a Disneylandia (Orlando), joyas de oro con el numero 15 y un largo etcétera.

Nayla tenía la respuesta preparada y no lo tuvo que pensar: “Lo único que yo quiero es que los tíos Miri y Arol puedan venir“.

Cuatro años después, mi Pocahontas blanca como la luna volvió a invocar el deseo de tenernos allí. No sólo no había olvidado a sus tíos y aquella conversación que tuvimos el día que nos íbamos, sino que seguíamos siendo lo que más le importaba.

No hace falta decir que allí estaremos, orgullosos de nuestra niña y deseando conocer a la brillante mujer que va a ser.

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4 Comentarios

  1. Mira tú, que me he emocionado y todo!
    Es fantástico sentirse tan importante para alguien a quien prácticamente acabas de conocer.
    Desde luego, se intuye la gran mujer que va a ser Nayla!

  2. cuando mi abuelo cumplió 90 también “nos pidió”, fue su mejor regalo, nuestro mejor regalo <3

    • Mirichan

      Es muy emocionante! Y por partida doble, porque esta será mi primera fiesta de quince, así que no puedo esperar!

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