Vivir y cambiar

El otro día estaba poniendo mostaza en un sandwich y como si estuviera en un plano superior, me ví desde fuera. Mientras untaba con el cuchillo pensé sobre el montón de gustos y preferencias que han ido evolucionando en mí (o conmigo!) La mostaza es el ejemplo más claro: hace un par de años no podía ni verla y ahora me gusta mucho su sabor, entre agrio y picante, que complementa la sosez de algunas cosas como el pan o el queso de untar philadelphia.

He estado pensando en qué otras cosas he cambiado mis preferencias y me ha salido una lista de lo más variopinta y curiosa.

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– Cuando era niña, no me gustaba el repollo, y ahora es una de mis verduras preferidas. Otra cosa que no me gustaba nada era caminar: me quejaba un montón y pedía que me llevaran en brazos. Afortunadamente eso también cambió y ahora me encanta pasear e ir a pie siempre que puedo de un lugar a otro.

– Hasta hace unos años yo era muy fan del color negro para vestir. Progresivamente he ido cambiado poco a poco el negro por el azul marino. Me parece que es igual de formal (o más!) y además me queda mucho mejor.

– El comino. Una especia que antes comía sin prestar demasiada atención y que ahora me satura hasta el punto de que hasta el simple olor me echa para atrás.

– Recuerdo cuando compré un iphone 4 (de segunda mano) y me pareció el mejor teléfono de mi vida. En aquel momento no pensé que pudiera preferir otro terminal. Seguramente el hecho de que yo viniera de un Nokia con sistema operativo symbian ayudó a que el contraste fuera radical. Hoy por hoy no volvería a comprarme un teléfono de apple, creo que el One+ es mucho mejor terminal, especialmente si miramos la calidad – precio.

– Hace unos años me encantaba estar con niños y tenía toda la paciencia del mundo. Probablemente me esté haciendo mayor, pero de un tiempo a esta parte, muchas veces siento que me molesta tener a niños cerca. Tal vez me estoy convirtiendo en una bruja o quizá es que he tenido mala suerte y me han tocado casos excepcionalmente malos, pero la verdad es que a veces me sorprendo evitando el contacto con ellos.

Son sólo algunos ejemplos de cómo algo que me gustaba dejó de gustarme y viceversa. Y mientras sigo untando la mostaza en el sandwich de repollo pienso que a lo mejor un día reescribo este post para contar lo contrario mientras deseo comer unos cuantos niños bien sazonados con comino.

¡Quién sabe!

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2 Comentarios

  1. Ahora que lo dices, estoy pensándolo y creo que me ha pasado igual que a ti, hay unas cuantas cosas que no me gustaban de niña y que ahora sí… O cosas a las que tenía miedo de pequeña y ahora me he dado cuenta de que no eran para tanto y ya no me asustan :)
    ¡Besotes!

  2. Creo que a todos nos pasa no? Nuestros gustos van cambiando; no siempre a mejor pero …

    PD: Me flipan tus botas! Cada vez que las veo en una foto es en plan ohhhh! :P

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