What a 2018!

Supongo que al final, todo es cuestión de prioridades. El tiempo es un recurso limitado (limitadísimo) y cuando escasea hay tareas que caen al final de la lista y que solo la paciencia puede sacar de ahí. Con lo que yo he sido… y meses, MESES! sin escribir ni una entrada.

Venga, que te cuento cosas.

El verano pasado sorprendí a todos con la locura de “me han ofrecido un puesto en Berlín, dentro de la misma empresona, y lo voy a coger“. Hubo remolinos de preguntas y te prometo, TE PROMETO, que tenía barricadas de Whatsapp preguntándome cada día, CADA DÍA, si esa semana viajaba a Berlín. El interés popular fue decayeeeendo con el pasar de los meses y mi popularidad en la oficina de Berlín fue subieeeeendo como la espuma.

Cuando me ofrecieron el proyecto, mi jefe me advirtió que iba a viajar semanalmente y que era agotador. Pero nadie de los jamases me contó que además de viajar estaría trabajando setenta (siete – cero, y no, no es el resultado de la Champions Real Madrid contra Liverpool) horas a la semana.

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Después de ocho meses en ese rock and roll, esperando que alguien me dijera que podia seguir adelante y buscar una casa en el Mitte para por lo menos dejar de viajar; después de tener anginas cuatro veces en seis meses (con sus correspondientes cuatro ciclos de diez días de penicilina power, que estoy por hacerme fan de Alexander Fleming a este paso) y después de una llamada de atención muy seria por parte de mi señor médico de cabecera (tu riesgo de tener un stroke en cualquier momento es preocupantemente alto, Mirichán) yo estaba empezando a pensar que, a lo mejor, quizá, era posible que… esto definitivamente no fuera lo mío.

A la vez, en algún lugar de Escocia, mi Jefe Supremo estaba recibiendo la noticia de una nueva responsabilidad que necesitaba más manos que las suyas para gestionar.

Y como si mi vida fuera una película de Pixar, los planetas se alinearon y mi jefe me contó que nuevas prioridades se acercaban y yo aproveché el momento para dimitir, lo más elegantemente posible, de mis responsabilidades en Berlín para volver a mi aburrida vida en Edimburgo, trabajando en la misma oficina, viendo a la misma gente y no pisando el aeropuerto más que para ir de vacaciones.

Esta semana es la última que estaré en la capital de Merkel y pienso llenar de abrazos y besos a mis compañeros alemanes y holandeses para luego hacer una reverencia a lo show de Truman y decir aquello de… “Buenos días y, por si no nos volvemos a ver, buenas tardes, buenas noches y que duermas bien”.

Truman

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1 Comentario

  1. Ocho meses ya? Cómo pasa el tiempo! Y cuántos cambios está trayendo este año!

    Lo de las 70 horas me ha parecido terrible, ahora seguramente te estirarán las 40 que eso de “nuevas responsabilidades” siempre trae trampita, pero al menos podrás descansar más… y el gato seguramente pondrá de su parte! :P

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