Los sueños

El jueves de la semana pasada asistí a la boda de una compañera de trabajo. Fue algo sencillo pero muy bonito: ceremonia civil, un hotel en medio de la naturaleza escocesa y una novia que brillaba de felicidad casi tanto como los cristales y las perlas que adornaban su vestido. Pasé una velada agradable con algunos de mis compañeros que también estaban invitados y como no puede ser de otra manera, terminamos por hablar de lo que nos une: la oficina y el trabajo.

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Como yo no sé ser una persona normal, en lugar de emplear el tiempo en criticar las decisiones de los jefes supremos (que es lo que hacemos todos, seas del país que seas), me arriesgué a preguntarles qué aspiraciones laborales y sueños profesionales tienen cada uno de mis compis que estaban allí presentes. Durante todos estos años de vida y rock and roll he descubierto que cuando preguntas este tipo de cuestiones, dos cosas pueden suceder: la primera es una risita nerviosa y una respuesta chistosa… y la segunda es que la gente se abre y te cuenta lo que de verdad les importa; y entonces ahí sucede la magia.

La magia sucedió con una de mis compañeras que ahora mismo es una asistente personal y que me contó con ese brillo especial en los ojos que a ella le encantaría trabajar en comunicación y marketing. Nos embarcamos en una conversación sobre estilos de contar cosas, los mensajes y sus contenidos, cuán importante es la forma de decir algo. Entonces yo me atreví a señalarle que si lo miras de cerca con los ojos un poco bizcos, todo es comunicación: cada email, cada llamada de teléfono y si me apuras, cada post en mirichán es comunicación. Sus ojos se fueron abriendo y justo a la vez que la novia cortaba la tarta, se dio cuenta que ella ya trabaja en comunicación además de hacer otras muchas cosas y eso la animó para empezar a buscar un trabajo relacionado con su sueño; decisión que si no me equivoco sucedió mientras los novios bailaban lentamente derritiéndose como el helado de vainilla. Y mientras ellos se besaban sellando su amor, nosotras hacíamos una promesa: hacer el sueño de mi compañera realidad y celebrar big time cuando se vaya del equipo porque ha encontrado un lugar haciendo lo que más le gusta.

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Chavales, cuando hay magia, hay magia. Sólo tuvieron que pasar cuatro días desde nuestra conversación para que sin querer, una oferta de asistente de comunicación corporativa llegara a mis manos. Fue una completa casualidad pero me faltó tiempo para avisar a la interesada. A los diez minutos ella ya había hablado con el responsable del área y el resto… el resto es historia.

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1 Comentario

  1. magia de verdad!

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